Y AHORA, ¿QUÉ?
Claudia López Sánchez
Los acontecimientos de las últimas semanas (la llegada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta, el desahucio de Maricarmen y lo que ello ha conducido en relación a la crisis de la vivienda…) hacen que se plantee una incógnita sobre la mesa: ahora, ¿qué?
Un Gobierno que está agotando sus últimas respiraciones de vida, completamente desgastado y sobrepasado por una serie de acontecimientos, tanto nacionales como internacionales, ante los cuales no ha estado a la altura, no puede renovar su legislatura el próximo 29 de noviembre. No actúa si no se ve obligado a ello y sus medidas son, evidentemente, tardías e insuficientes.
Cierto es que, si Pedro Sánchez hubiese querido, podría haberse asegurado las llaves de la Moncloa, pues su oposición tampoco ofrece grandes alternativas.
Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, se llena la boca de incoherencias, como hizo (por destacar alguna de ellas) el pasado abril, tras reprocharle textualmente al presidente del Gobierno "no saber ni una palabra de sanidad y por no saber, no saber que había huelga médica desde hacía 10 meses". Tal vez, el gallego pasó por alto que, según el artículo 148.1.21ª de la Constitución española, las comunidades autónomas son las que asumen competencias en materia de sanidad, mientras que el Estado conserva las competencias sobre las bases y la coordinación general del sistema sanitario. Por tanto, tal vez debería reprocharle a la mujer de la que él mismo es sombra, Isabel Díaz Ayuso, aquellas competencias en relación a la sanidad madrileña que corresponden a su ámbito de gestión, como pueden ser los recortes o la privatización de dicha sanidad.
Santiago Abascal, por su parte, tampoco se caracteriza por su coherencia. Hace no más de un mes le reprochó al líder socialista su mala gestión ante el caso ceutí y le acusó de ser "vasallo" del rey marroquí Mohamed VI. Sin embargo, no existe más vasallaje que el de su partido hacia Trump y Netanyahu. El partido ya mostró su apoyo a Netanyahu en 2024, con el líder del partido viajando hasta Jerusalén en pleno conflicto con Gaza y ha declarado su plena confianza hacia la "Administración Trump". Que Marruecos haya construido una carretera de 1.055 kilómetros atravesando el Sáhara Occidental y haya sido bautizada bajo el nombre "Donald Trump" debe ser mera casualidad. Ser vasallo de uno es ser simultáneamente vasallo del otro y en política cuesta creer que existan este tipo de coincidencias. Tal vez VOX se atreva a darle la espalda a Mohamed VI si consigue llegar al poder, aun si eso conllevase ser castigados por Estados Unidos e Israel.
Nadie pone en duda que ninguno de los acontecimientos más recientes ha sido bien gestionado. La incógnita nace al plantearse si algún otro de nuestros políticos habría sido capaz de ofrecer mejor resolución.
Una derecha incoherente y con un grupo ultra ganando poder día a día, una izquierda segmentada, desorganizada y sin ninguna propuesta competente y un Gobierno desgastado, sin más que dar y ya en su lecho de muerte. Mismo perro con distinto bozal, unos sin capacidad de seguir dirigiendo y otros sin capacidad de empezar a hacerlo. Y en dos meses, elecciones.
Mientras ellos plantean debates sin conclusión en el Congreso, la España de a pie se levanta cada día teniendo que hacer frente no solo a las ya mencionadas crisis de sanidad e inmigración sino también a la educación, la vivienda, la igualdad, la masificación turística, la emergencia climática… y un sinfín de cuestiones a las que nadie parece estar dispuesto a atender de forma mínimamente resolutiva.
Es, sin embargo, esta España de a pie la que da un hilo de esperanza hacia el futuro. Parece que frente a una era de extremos, empieza a asomar una generación de jóvenes dispuestos a luchar por los derechos que les pertenecen y no dejar que estos se difuminen y se pierdan en el camino. No normalicemos que el 70% de nuestro salario se destine al alquiler. No normalicemos esperar 6 meses para una resonancia. No normalicemos irregularidades constantemente en nuestro sistema.
Escuchemos a nuestros mayores para no repetir errores pasados. Escuchemos a nuestra juventud para no perder lo que nos pertenece. No olvidemos quiénes somos ni hacia dónde vamos.
