Venezuela entre la incertidumbre y la esperanza

10.01.2026

La intervención militar estadounidense desafía las normas globales y divide a la opinión pública

Chris Restrepo

Vídeos del ataque de Estados Unidos a Venezuela

El pasado 3 de enero, alrededor de las 2 de la madrugada (hora local), cayeron bombas en instalaciones militares de la ciudad de Caracas. Poco después, Trump afirmó que el ejercito americano capturó con éxito a quién fungía como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. A raíz de este hecho ha estallado un debate, presente en ruedas de prensa, en periódicos y en redes ¿Es legítimo arrestar a un "presidente" de un país extranjero?

No, según la ONU: "Ningún estado debe amenazar ni utilizar la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado". Y justo acá empieza la polémica: Es un acto que va totalmente en contra de la ley internacional (En teoría, nótese que Maduro no es un presidente legítimo desde, al menos, 2024). Hablamos del "autogobierno", del derecho del pueblo a decidir. Desde fuera, parece que la presencia de Maduro cumplía, más o menos, con esta premisa. Sin embargo, es muy fácil ver la situación únicamente desde la perspectiva de las leyes internacionales. Cualquier persona que ha tenido la suerte de vivir toda su vida bajo un régimen democrático sabe que la alternativa pacífica y de cooperación internacional es la más adecuada respecto a la violenta administración de Trump. Cualquier persona, por lo tanto, puede estar confundida ante la reacción, la celebración, por parte de los propios venezolanos ante este acto catalogado como imperialista. Porque no es un número aislado de ciudadanos los que ese 3 de enero sonrieron por primera vez en años leyendo las noticias. ¿Y esta reacción, por qué es?

Antes de indagar en las razones por las cuales hay quien se alegra de este hecho, creo que hay que reconocer, lo que nos cuesta a todos, puede ser, que dos cosas pueden ser ciertas a la vez: lo que hizo Trump no es del todo correcto (vamos, que está mal), pero está, de cierta forma, bien. ¿Por qué? Hablamos, en mi opinión, del peso de las intenciones y las consecuencias.

Lo que hizo Trump no es correcto por dos cosas. En primer lugar, va en contra de las normas señaladas por la ONU, y crea un panorama preocupante respecto al poder del gobierno estadounidense en el contexto internacional. Por otro lado, no es una acción proveniente de la caridad de su corazón, que la acción deriva de un interés meramente económico (el petróleo) y político (corregir la presencia–en sus ojos, excesiva–de figuras como Rusia o China dentro de occidente) . Aquí hablamos de intenciones.

Ahora, lo que hizo Trump está, de cierta forma, bien por una razón muy importante: El pueblo venezolano lleva 27 años bajo un régimen que vela por su propia salud por encima de la de su pueblo, y que gobierna con la ley del más fuerte, la ley de quien tiene las armas, quien tiene la plata, siempre por encima de la voluntad de su ciudadanía; un régimen que viola sin tapujos la Declaración Universal de Derechos Humanos. Trump ha posibilitado una salida de esta situación. Aquí hablamos de consecuencias.

El primer contraargumento que puede surgir aquí es: Sí, pero, ¿por qué no son los propios venezolanos quienes salen de ésta? ¿Por qué interviene EEUU? Volvemos al tema del autogobierno, dejar al pueblo decidir, que esto es imperialismo…

La respuesta tristemente es muy sencilla: se ha intentado. Muchas veces. El intento más reciente fue la elección presidencial de Julio 2024, elecciones que fueron ganadas ampliamente por la oposición, pero cuyos resultados fueron ignorados por el gobierno de Maduro.

La intervención directa por parte de Estados Unidos se agradece porque, para bien o para mal, ningún otro país, ningún otro líder político iba a tomar acción como hizo Trump. Y, desde dentro, desmantelar el gobierno parecía una tarea prácticamente imposible. No es una situación ideal, estar "con contrato indefinido" bajo el mandato de otro país, pero es un cambio, un cambio que el pueblo llevaba décadas intentando. Es una posible salida del régimen del terror que Maduro y su gobierno mantenían sobre el país. Es esperanza, esperanza que muchos venezolanos, tanto los que siguen en el país como los más de 7 millones que tuvimos que irnos, perdimos hace mucho tiempo. Es la esperanza de no tener nunca más la duda de si podrás o no comer mañana, de no tener nunca más la duda de si podrás manifestarte a favor de lo que creas correcto sin poner en riesgo tu vida, de no tener nunca más la duda de si podrás algún día volver al hogar donde creciste.

Trump no ha regalado ninguna garantía, más bien ha cultivado incertidumbre respecto al futuro del país, pero ha ofrecido la posibilidad (que tan alta sea ya es debatible) de creer que esa Venezuela que vivieron nuestros abuelos, esa Venezuela libre, democrática, casi mitológica, puede llegar a existir; y que la juventud, los que solo la observamos en fotografías, podríamos conocerla.