Un pedacito de ti

Juan José Valverde
No hay nada más íntimo que una pregunta. Amo preguntar y, después de pensarlo un poco, odio que me pregunten.
Navegando en la marea de aplicación que es TikTok, esta red social que no hace más que quitarme horas del día y darme a elegir una amalgama de videos que ver y que compartir, a ver si alguno se acerca a mostrar algo que me represente, hay veces que ofrece alguna luz. Me encontré con un video de un chico que planteaba esta cuestión: "no hay nada más íntimo que preguntar", hace más de una semana que lo vi, y no puedo quitarme esa frase de la cabeza, sobre todo la idea de "entregar a alguien una parte de ti".
Entregar una parte de ti es algo que todos hemos dicho alguna vez, parece una frase bastante banal si te pones a pensarlo, "¿cómo vas a dar una parte de ti, no?", bueno. La forma de entregar a alguien una parte de ti puede ser vista desde distintas maneras, por ejemplo, al mostrarte a alguien un hábito cotidiano, una recomendación de un simple sitio donde desayunar, ya te está entregando una parte de sí, puesto que siempre que vayas a ese sitio, aunque sea por un tiempo, te acordarás de esa persona. Bien, pues con las preguntas sucede lo mismo, sobre todo dependiendo del peso que le des a esa pregunta. Será por perspectivas e interpretaciones en esta vida. A lo que me quiero referir es a que una pregunta no necesita ser profunda para entregar una parte de tu ser.
Una relación comunicativa tan corta como una pregunta, lo que hace es crear una experiencia compartida, entonces lo que antes era una información sobre ti, ahora es un recuerdo compartido, algo que solo existe para alguien y decide comulgar. Volvemos de nuevo a la banalidad, todo puede sonar muy superficial si piensas en cualquier tipo de pregunta, pero sigue siendo una entrega, algo íntimo que se crea y que el receptor guarda, por eso te quedas un "pedacito de alguien".
Me gusta pensar en este intercambio tan peculiar que produce que alguien nos cuente algo. No solicitas a alguien una experiencia, algo de ti, a veces una pregunta surge de la curiosidad, de preguntar por preguntar o a veces tiene un porqué, como seguir una conversación, que la cabeza te ilumine durante tres segundos para que se te ocurra algo ingenioso y no acabe esa conversación que tanto quieres que suceda, preguntar es hermoso y todo lo que genera, también.
Preguntar, entonces, nos genera una situación, pero no hacerlo, también. De una pregunta surgen historias, recuerdos o una pequeña parte de la vida que, de no haber preguntado, jamás habríamos conocido. Pienso en las cosas que compartimos sin dar más importancia, pueden parecer insignificantes, incluso puede ser que lo sean. Que te pregunten sobre tu color favorito no te va a cambiar la vida, pero esa es la magia de preguntar, que hasta la mayor tontería puede ser un oportunidad de conocer. Conocer, aunque sea por unos segundos, un fragmento de ti que uno se lleva de recuerdo como un imán en la nevera.
Como todo en esta vida, porque somos humanos, esto va de sentir. Obviamente, cuando le pides la hora a alguien por la calle, no te vas a acordar de aquella maravillosa persona que te dio la hora, a no ser que despertara alguna emoción en ti, claro. Esta reflexión no es para que te plantees toda la información que revelaste a lo largo de tu vida a través de preguntas, es para que pienses en cuánto tiempo hace que no preguntas, y si lo haces, ¿preguntas lo correcto?, ¿Hay acaso preguntas correctas?, son demasiadas incógnitas en un solo momento. En fin, como había dicho, todo va de sentir y recordar, esto que por suerte o por desgracia nos da la memoria, pero que nos facilita preguntar, responder e intimar a través de un denominador común, la palabra. Por eso, cuando pases por ese sitio para desayunar, cuando escuches esa canción, cuando te invada un recuerdo, piensa que fue una pregunta la que te llevó a tenerlo.
Martin Buber en 1923 decía que "todo vivir verdadero es encuentro". Buber habla del encuentro con el otro como alguien que no se reduce a las características que conocemos de él, es decir, puedes saber dónde trabaja una persona o qué música escucha, pero conocer estos datos no equivale necesariamente a encontrarte con ella. Aquí me quiero detener, y es donde reside la belleza de la pregunta para mí, la pregunta, entonces, puede derivar en conversación y no en interrogatorio, no en una amalgama de preguntas donde no sabemos qué fin tienen, de hecho, creo que ese es el problema de conocer a través de una pantalla, aunque ese es otro tema. La belleza reside en que la pregunta te conduzca hacia algo, hacía el conocer, como si se tratase de una herramienta, y usarla con un fin que, de nuevo, tenga que ver con la emocionalidad
Preguntar, en definitiva, abre una posibilidad hacia lo desconocido, si así lo quieres ver; pero lo que hace bello el mismo acto de preguntar, para mí siempre serán las sensaciones, la ilusión, la curiosidad, la expectación, la complicidad, la vulnerabilidad o aquello en lo que necesite ser apoyada.
Término de nuevo con Buber, "La relación es reciprocidad", es una verdad como un templo, pero, ¿qué tiene que ver? Como bien dije antes, odio que me pregunten, al hacer una pregunta, siempre esperamos una de vuelta, por factores de comunicación, por costumbre o por cortesía, pero no creo que esta sea necesaria en todos los casos, o mejor dicho, no es necesaria para todo el mundo, como he dicho antes todo va de sentir, pero por consiguiente, no todos lo hacemos de la misma forma, y os aseguro, que no hay peor pregunta que la que se hace por compromiso.
No sé, entonces, si la intimidad de estas preguntas reside en aquello que preguntamos, en lo que queremos saber o el hecho de quién nos hace saberlo, lo único que sé es que todo el mundo tiene un motivo para preguntar, y que hay pedacitos de otras personas que solo existen para nosotros porque un día nos atrevimos a preguntar.
Al fin y al cabo, lo necesario nos mantiene vivos, pero lo innecesario nos hace vivir.
