Ucrania entra en el quinto año de guerra: De la ofensiva relámpago al conflicto interminable
El mayor conflicto europeo desde 1945 mantiene un frente estancado y un coste humano elevado
Paula Velasco

Soldados ucranianos en Kiev
El 24 de febrero de 2022 comenzó una invasión que, lejos de ser una intervención militar rápida y limitada como aseguraba el Kremlin, se ha convertido en una guerra prolongada sin claros avances hacia la paz y en la que Rusia controla cerca del 20 % del territorio ucraniano.
La ofensiva rusa, que aspiraba a tomar Kiev en pocos días, encontró una fuerte resistencia ucraniana respaldada por el apoyo de la comunidad internacional. Cuatro años después, el conflicto sigue activo y sin un desenlace claro, consolidándose como el mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, Rusia controla aproximadamente el 20% del territorio ucraniano, incluyendo partes de Donetsk, Lugansk y Zaporiyia, además de Crimea, ya anexada en 2014. El frente se mantiene estancado, con posiciones fortificadas y combates periódicos que impiden avances decisivos. Expertos destacan que la guerra se ha convertido en un conflicto de desgaste, donde el tiempo y los recursos son más determinantes que los movimientos rápidos de tropas.
El coste humano de la guerra sigue siendo difícil de cuantificar, ya que ni Kiev ni Moscú publican cifras completas. Según el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, 55.000 soldados ucranianos han muerto desde el inicio de la invasión, a lo que se suman miles de heridos y desaparecidos. La población civil también ha sufrido enormemente con más de 14.000 muertos y 40.000 heridos, incluidos más de 700 niños, según la ONU, lo que convierten al conflicto en una tragedia humanitaria de gran escala.
En lo que respecta a la diplomacia, a pesar de varias rondas de negociaciones, no se han alcanzado acuerdos significativos. Las posturas siguen siendo irreconciliables ya que Rusia exige concesiones territoriales y políticas que Ucrania ni siquiera se plantea. Mientras tanto, la comunidad internacional mantiene el apoyo a Kiev con ayuda militar y financiera, aunque la unidad entre países aliados a veces se ve tensionada por debates sobre la duración y el alcance de esa asistencia.
Más allá de Ucrania, la guerra ha transformado la seguridad europea y la política internacional. Ha impulsado un aumento en el gasto militar de la OTAN, reforzado alianzas estratégicas y provocado ajustes en la política energética y económica de múltiples países. Analistas advierten que, si el conflicto continúa sin un cambio, las consecuencias seguirán repercutiendo en Europa y el mundo durante años.
