Todos somos Digger
Andrés Gallego Tapiador

Algunas veces, aunque cada vez de manera menos frecuente, uno se encuentra en la gran pantalla una historia original, muy divertida y con un gran mensaje del que aprender como si de un gran experto se tratase.
Esta vez son Iñárritu y Cruise esos expertos que consiguen llevar a cabo esta misión difícil (pero no imposible), y a pesar de las profundas divergencias en opiniones y críticas encontradas, se postula a mi parecer como una presencia casi imprescindible para la próxima gala de reparto de estatuillas.
Esta oda a la inteligencia, humor negro y sarcástica y satírica forma de relatar historias, resulta ser el reflejo más fiel e incómodo de la hipocresía de la sociedad en que vivimos, pero sobre todo, la absurda y triste indiferencia que la misma sociedad le provoca a quienes la dirigen, ordenan o están cerca de hacerlo.
Nadie sale ileso de esta tragicomedia que nos avalancha con una sinceridad dolorosa, ni los que toman las decisiones en nuestro nombre como si fuese nuestro nombre en el que piensan al tomarlas, ni los que aplaudimos esas decisiones creyendo que representan nuestros volátiles y cambiantes ideales en función de lo que nos convenga.
Digger nos hace creer que es un personaje irreal, terco y anciano, casi fruto de la ficción y mala vejez, y al mismo tiempo nos enseña cómo el que lo interpreta también es un Digger, al igual que todos los que lo critican por hacer lo que, de una forma u otra, también hacemos.
Todos hemos aplaudido a Digger, y todos lo seguimos haciendo, e incluso muchos nos comportamos como tal. Y así de contradictorios somos que, al verlo en una gran pantalla representado por un personaje doblemente ficticio, nos damos cuenta, al mismo tiempo que las infinitas capas del personaje y de sus múltiples intérpretes, del gran rechazo que nos causa y lo mucho que nos podemos llegar a parecer a él.
Y esta es la magia del cine, que es capaz de hacerte reír, entretenerte, y al mismo tiempo abofetearte mientras te grita sin que te des cuenta que despiertes, que no eres tú quien se ríe de ellos, que son ellos los que se ríen de ti.
