¡Todos preocupados! Hasta que deja de ser tendencia

01.10.2026

Cristina Jabalera Bernardo


"Fridays for Future" en Fráncfort del Meno, Alemania. Fuente: Shutterstock. 

Cada día tengo la sensación de que todo va más rápido, de que cada día pasan más y más cosas. Pero la mayoría se me olvidan, a pesar de que en un momento parecía mi máxima preocupación. Esto es lo que siento en la política actual.

Tengo la sensación de que las injusticias sociales se están usando como modas, y parece que a nadie le importa nada realmente, y que todo es para alimentar la necesidad de dopamina constante y para ganar esa carrera "imaginaria" pero a la vez muy realista de quien es el más "woke".

Woke, ser woke. Suena bien, la definición de esta palabra es que eres alguien consciente de temas sociales y políticos, en especial racismo y desigualdades.

Este concepto empezó en los años treinta, por cuestiones racistas en Estados Unidos, y hoy en día se mantiene y engloba a todos los que se preocupan de diversos cambios y luchas sociales.

Luego están los antiwoke, que se quejan de las quejas de los woke (tampoco hacen nada para remediar aquello de lo que se quejan) y estos han conseguido que el "wokismo" para muchos signifique un término despectivo para burlarse de aquellos que se comportan con ese espíritu incansable de lucha y búsqueda de injusticias sociales que remediar.

Así se podría decir que está la corriente de gente woke, y luego, los antiwoke o los que les resultan cansinos todas esas protestas y necesidad de cambios que tienen sus contrarios, un ejemplo que se declara antiwoke, es Donald Trump.

Sin embargo, lo que observo hoy en día es que hasta los propios wokes agotan en días cada una de sus luchas. La cultura y la política se han adaptado al contenido que consumimos. Siento que muchas causas sociales duran lo que dura su presencia en redes, porque cuando aparece otro acontecimiento, el anterior desaparece del debate.

Asimismo, cada vez que ocurre un conflicto, siento la presión indirectamente de tener que dejar rastro en redes de mi opinión respecto a él, porque ya todos han resubido una historia. Y sinceramente, a mí muchas veces no me ha dado tiempo de entender lo que ha ocurrido y todas esas publicaciones consiguen que me sienta mala persona y abrumada por no haberme unido inmediatamente al "bando de los buenos" o no haberme "posicionado". Por eso cada día tengo más la sensación de que el activismo se está convirtiendo en una cuestión de imagen, en una moda de usar y tirar.

Además siento que actualmente consumimos en el mismo formato tanto temas importantes como bailes de TikTok. Hemos entrado en una dinámica que consiste en, ocurre un problema, por ejemplo, el genocidio que ha sufrido Palestina (y sigue sufriendo), el cual llevaba muchísimos años. Este se pone de "moda" o llega a su clímax, en ese momento las redes estallan de información sobre ello, todos expertos, todos indignados, todos debemos dar una opinión drástica sobre el tema y tenemos que manifestarnos en redes, para que la gente se fije y piense ¡oh, sí, le preocupa Palestina! O para que no te tachen del bando contrario, en este caso a favor de Israel.

Obviamente me parece bien que nos pronunciemos y la gente exprese en redes su preocupación por un grave problema político, lo que ocurre es que es tan efímera esa preocupación que parece una partida cronometrada entre los woke y los antiwoke, porque a cada acontecimiento novedoso que hay, todos deben opinar, discutir y dejar claro al mundo de qué lado están, en cuestión de segundos, sin un análisis prolongado.

Últimamente, cada problema que surge lo siento como un partido de tenis, con solo dos jugadores que se tiran la pelota cada vez más fuerte y parece que solo apuntan a la cara de su adversario, sin pensar realmente en ganar la partida con una buena jugada.

Y así ocurre con todo, ocurrió con Gaza, de la cual nadie se acuerda y la ciudad sigue completamente devastada y con crisis alimentaria e hídrica, pero en su momento todos sacábamos banderas de Palestina. Ocurrió también este verano en Ceuta, que las redes estallaron entre los que llamaban a España un país de racistas y los que gritaban ¡fuera invasores!

En el caso de Ceuta, a todos se nos llenó el Para ti de noticias, y a todos se nos llenó la boca de palabras que nos posicionaban en un lado o otro de la discusión. Lo que pasa es que como ya nos gritamos un poco entre "rojos" y "fachas" o "wokes" y "antiwokes", nos dio pereza la discusión y dejamos de hablar de Ceuta porque parece que la situación mejoró, o en palabras más francas, ya no estaba de moda y el tema resultó cansino. A pesar de que todavía el gobierno no ha conseguido que la ciudad recupere la normalidad.

Y ahora, el tema (la moda) es la vivienda, o el desahucio de Maricarmen, que a todas esas personas que les encanta presumir que son las más moralmente correctas, les ha venido bastante bien. El discurso de que han echado a una señora de 87 años de su casa, está siendo utilizado otra vez como pretexto para pelearnos un poco más entre "rojos" y "fachas".

Pero sinceramente, ojalá sirva y se mantenga todo lo que está ocurriendo esta semana en Sol, para más allá que tener tema de conversación esta semana, porque el tema de la vivienda es preocupante y hay mucha gente que lo sufre y lleva esperando algo así mucho tiempo.

Entonces, espero que la bomba mediática que tenemos esta semana, se alargue algo más y nos dé soluciones a largo plazo, no solo sea como un cotilleo para discutir y elegir un rol cada uno sin preocuparnos realmente en conocer los conflictos más allá del titular que reposteamos.


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