Sudán: 1000 días en el infierno. La guerra explicada

04.02.2026

Matanzas indiscriminadas, ciudades enteras arrasadas y millones de personas huyen. Una de las guerras más brutales se libra en un país que apenas abarca titulares.

Manuel Santiago Hernández

Hombre sudanés sosteniendo un arma 

El pasado 9 de enero Sudán cumplía 1000 días en guerra, una guerra que está siendo de las más sanguinarias de las últimas décadas. Para entender bien qué está sucediendo y por qué, se debe contar el contexto completo de una guerra que llevaba desde finales de la década de 1980 arrastrando un proceso de inestabilidad política, conflictos armados internos, una tremenda desigualdad en la distribución de la riqueza y los recursos y, naturalmente, corrupción.

Todo comienza en el año 1989 en el momento en el que el militar Omar Al-Bashir da un golpe de Estado y toma el poder de la nación, convirtiéndose en su dictador. Al-Bashir estableció entonces un tiránico régimen que destacó por su enorme corrupción, llegándo a desviarse hasta, al menos, nueve mil millones de dólares del Estado para sus gastos personales. Así mismo, el dictador fue condenado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Durante el mandato de Omar Al-Bashir, Sudán se vio envuelto en diferentes conflictos, siendo el más grave de ellos la Segunda Guerra Civil sudanesa, una de las guerras más largas y mortíferas de la historia de África, llegando a cifras de hasta dos millones de víctimas mortales y una duración de 22 años, guerra cuya consecuencia fue la independencia de Sudán del Sur en el año 2011.

La gota que colmó el vaso de la política sudanesa llegó con el fin de los subsidios al trigo y al combustible, provocando que en el año 2018 estallase la revolución. Tras esto, Omar Al-Bashir abandonó el poder y se formó un consejo militar transitorio, una junta militar que gobernó el país hasta que fue sustituida por el Consejo Soberano de Sudán, el cual era un gobierno compuesto por civiles y militares que tendrían la difícil tarea de democratizar el país, teniendo en cuenta a todas las etnias y a todas las religiones.

Este consejo estaba formado por cinco civiles, cinco militares y una persona extra consensuada entre los otros diez. Sin embargo, este intento democrático fracasó en 2021 cuando los militares del mismo consejo dieron un nuevo golpe de estado con AbelFattah al Burhan como líder.

Para entender lo que sucede tras esto, cabe explicar que, en Sudán, los militares no se encuentran integrados todos en un único ejército, sino que existen dos grandes grupos: el ejército oficial y una serie de milicias entre las que destaca las fuerzas de respuesta rápida, abreviado "RSF". Las RSF se encargaban principalmente de sofocar revueltas y hacer el "trabajo sucio", destacando en 2016 cuando acudió a una revuelta en la región de Darfour, donde se llevó a cabo una "limpieza étnica" contra todo aquel que no fuese árabe. Desde ese momento, las RSF fueron creciendo en cantidad de soldados además de hacerse con el control de varias minas de oro en el país hasta llegar al punto en el que las RSF eran capaces de rivalizar con el propio ejército sudanés.

Por esta misma razón, el ejército trató de iniciar un proceso en el que se integrarían las RSF al mismo. No obstante, antes de que se pudiese llevar a cabo, las RSF, lideradas por el comandante Meti, se revelaron y comenzaron a desplegarse por la nación, incluyendo la capital, Jartum.

Junto con la llegada a Jartum de las RSF, vino el control de su aeropuerto, televisión pública y se registraron importantes combates en el palacio presidencial, así como otros puntos estratégicos de la ciudad. El gobierno comenzó a utilizar su fuerza aérea para atacar a los rebeldes de las RSF, quienes, si bien no cuentan con aviación, sí que tienen en su poder armamento antiaéreo.

De cualquier modo, este conflicto va más allá de simplemente dos facciones tratando de tener el poder de una nación, pues hay un importante trasfondo geográfico. El ejército sudanés está dominado por las élites árabes de Jartun de origen árabe del valle del Nilo. Por otro lado, las RSF, están compuestas en su mayoría por milicias árabes de Darfur, que en su momento fueron armadas por el régimen de Omar Albasir para detener rebeliones africanas no árabes en esa región. De tal modo que lo que se está dando no se trata de una guerra religiosa ni de un enfrentamiento entre árabes y africanos como en los años 2000, sino una disputa interna entre las élites árabes que buscan tener el poder y los recursos de Sudán.

A nivel de apoyos internacionales, el ejército sudanés cuenta con el respaldo de Egipto, así como estados africanos del este como Eritrea o Sudán del Sur. Más allá de África, el ejército también ha buscado reconocimiento político presentándose como la autoridad legítima del país.

Por otro lado, las RSF mantienen una alianza con los Emiratos Árabes Unidos, quienes les abastecen de armas, drones y financiación a cambio del oro que las RSF les proporcionen dado que son quienes controlan las minas principales de oro de Darfour. Asimismo, las RSF mantienen un estrecho vínculo con Rusia a través del grupo Wagner, que proporciona entrenamiento y acceso a redes de contrabando de armas. De hecho, debido a estas conexiones con Rusia, en Sudán se ha visto de manera aislada operar algún grupo de fuerzas especiales ucranianas en favor del gobierno.

Tras todo esto, la situación hoy en día es la siguiente: las RSF, que ya tenían una fuerte presencia en el oeste, aprovecharon su movilidad y estructura más flexible para avanzar con rapidez. En Jartum han tomado barrios enteros, ocupado el aeropuerto y sitiado los principales complejos militares. Mientras tanto, el ejército sudanés responde con artillería pesada y bombarderos aéreos desde su base en Wadiseignna.

La capital es actualmente una ciudad fantasma con millones de personas atrapadas entre ruinas y francotiradores. El frente decisivo ahora se encuentra en Darfour, corazón histórico de las RSF, donde las RSF lanzaron una ofensiva feroz y, en cuestión de semanas, se hicieron con el control de El Geneina, Niala, Zalinghei y Alfaser, ciudades clave con las que pudieron dominar casi toda la mitad occidental del país. En estas mismas zonas se produjeron las peores atrocidades, ataques masivos contra la población masalit, ejecuciones públicas, violaciones y la quema sistemática de aldeas.

A su vez, el ejército logró mantener el control del norte y el este, especialmente en torno a Portudán, que se convirtió en la nueva sede del gobierno de Alburhanjá y el punto de conexión con Egipto.

Ahora mismo el país se encuentra dividido. Un gobierno formal en Port Sudán, un poder militar paralelo en Darfour y zonas con un vacío institucional. Mientras la situación humanitaria en Sudán es devastadora, y casi invisible para el mundo. Se calcula que más de 10 millones de personas han tenido que huir de sus hogares. Más de 20 millones de civiles necesitan ayuda urgente para sobrevivir y las organizaciones humanitarias apenas pueden entrar, resultando en que Sudán se esté desangrando poco a poco lejos de las cámaras.