Sobre mis guerras
Guillermo Martín
Se hace la guerra cuando se entra en conflicto de intereses y, hoy en día, vivimos en un mundo movido por las guerras y por los intereses.
Como seres humanos somos egoístas a no poder más, mas no tengo claro si es que es nuestra naturaleza o es que nos han moldeado así. Quizá haya personas que sí, que somos egoístas por naturaleza y otras que lo somos por supervivencia. Tampoco creo que haya una naturaleza fija y común a todo ser humano.
Lo que está claro es que vivimos en una sociedad en la cual creo que a todos nos gustaría que nos demostrasen más a menudo algo de no-egoísmo.
Probablemente el egoísmo es una de las principales causas por las que se inicia la guerra, externa o interna.
Una guerra externa puede entenderse como esa guerra en la que no está involucrado tu país directamente o que no te afecta a ti como individuo, aquella que "no te preocupa tanto". Una guerra interna puede ser una guerra civil, intrafamiliar o de ti contigo mismo. Aquella que sí te preocupa, porque te afecta y si bien entiendo que cada uno sea la prioridad de uno mismo -o que uno mismo esté entre las prioridades de uno mismo-, los conflictos me parecen el ejemplo perfecto de falta de amor hacia el prójimo por la simple razón de ser un ser humano, al igual que tú: mientras la guerra esté lejos de ti y no afecte al precio de tu carne, no vas a sentirte tan triste por los bombardeos. Quizá incluso estos bombardeos son parte de una guerra de la que aún no te has enterado porque, efectivamente, no afecta al precio de tu carne.
Si tomáramos un trozo de nuestro tiempo al día para preocuparnos por las guerras del mundo, incluso de aquellas que no alteran los intereses materiales de cada uno necesarios para vivir cómodamente, probablemente transmutaríamos las definiciones que anteriormente he dado y una guerra interna, además de lo dicho -guerra civil, intrafamiliar o de ti contigo mismo-, sería también aquella que cruce tus barreras éticas, nos las que tienes que seguir desde fuera para subsistir en un sistema, sino las que sientes que están bien porque están bien, sin un fin o nada que esperar a cambio. Probablemente, a nivel global coincidamos en estas más de lo que nos creemos y es el contexto social de cada uno de nosotros lo que hace que mis barreras éticas no sean las mismas que las de personas de otros países, otras culturas o sin ir más lejos, que las de mi madre. Sin un contexto social que condicione, la manera de actuar y el bien y el mal serían percibidos de manera más pura. Lo que aún no sé es si podrían separarse, siquiera en una sociedad utópica, el contexto social y la persona que lo vive y hacer así un espacio libre de influencias, pero supongo que el pensarlo implica, de alguna manera su posibilidad.
Y sin irme más del tema, definiríamos, por tanto, como guerra externa, aquella en la que el egoísmo gana a todos y a cualquier bando ganaría, aquella en la que sientes que se hace una guerra que te afecta solo de rebote, pues no pelean por ti ni por tus iguales como ciudadanos o seres humanos, sino que todas las partes hacen la guerra por sus intereses, individuales o como representación de una nación que no se ve representada en su propio patriotismo.
Creo que el matiz histórico de la filosofía marxista cuando este pensador afirma que la lucha de clases es lo que puede marcar y cambiar el rumbo del avance social a lo que él creía que sería una sociedad utópica, puede aplicarse también a las guerras (¿no es acaso la lucha de clases un tipo de guerra?), de manera que, una guerra bien hecha, debería poder cambiar el rumbo de nuestra historia hacia un mundo, una familia o un individuo (pues también se han mencionado las guerras intrafamiliares e intrapersonales) que sea al menos un uno por ciento mejor de lo que lo era antes del conflicto.
Ninguna muerte merece la pena ni creo que ninguno de nosotros tengamos que morir por nada ni por nadie y es esto lo único que me echa para atrás si pienso en la necesariedad de las guerras en nuestro mundo, mas si van a seguir habiendo guerras y van a seguir muriendo personas, hagamos por lo menos de la destrucción una deconstrucción para conseguir un futuro que nos haga creer que no vamos cuesta abajo y sin frenos, o que por lo menos mengüe un poco la inclinación de esta cuesta.
