SIC3M 2026: La promoción de la democracia entre los universitarios

11.02.2026

La simulación parlamentaria de la Carlos III demuestra que la vida universitaria va mucho más allá de exámenes y apuntes. Es debate, convivencia y descubrimiento personal

Laura Vázquez

Hay una pregunta que parece sencilla, pero que encierra una diferencia fundamental: ¿es lo mismo estudiar en la universidad que ser universitario?

A primera vista, podría parecer que sí. Al fin y al cabo, ambos conceptos comparten aulas, exámenes y bibliografía subrayada. Sin embargo, la distinción marca un antes y un después en una de las etapas más decisivas de la vida de cualquier joven.

Todos sabemos a qué se enfrenta un estudiante en su día a día: asistir a clase, preparar exámenes, memorizar contenidos, diseñar presentaciones en Canva e intentar, con más o menos éxito, que el profesor responda a los correos electrónicos. Estas tareas, a veces rutinarias, se repiten año tras año a lo largo de toda nuestra trayectoria académica. Desde primaria hasta quienes llegan a cursar un doctorado, las dinámicas de aprendizaje, aunque aumenten progresivamente de dificultad, mantienen una estructura sorprendentemente similar.

Pero hay algo distinto cuando se es universitario. Algo que trasciende lo académico y convierte esta etapa en una experiencia transformadora. El tópico de "encontrarás a tu gente en la universidad" deja de ser una frase hecha para convertirse en una realidad palpable. Es, probablemente, la única etapa en la que coinciden decenas de personas procedentes de distintos puntos del país, e incluso del mundo, con inquietudes e intereses afines.

Para muchos que alguna vez se sintieron desconectados de sus estudios, la universidad supone un punto de inflexión. Sustituir asignaturas obligatorias por aquellas que despiertan una verdadera vocación es, para la gran mayoría, un soplo de aire fresco. Y compartir esa pasión con personas que tienen las mismas ganas de aprender hace que todo cobre un sentido nuevo.

Ser universitario es conocerse y conocer a otros. Es equivocarse y crecer. Es atreverse a probar aquello que antes daba miedo. Es descubrir que la formación no solo ocurre en los apuntes, sino también en los pasillos, en las asociaciones, en los debates improvisados y en las conversaciones que se alargan más allá del horario lectivo.

Esa dimensión es la que convierte la universidad en algo más que un lugar de estudio. Y es también la que explica por qué, el pasado fin de semana, del 5 al 9 de febrero, cientos de estudiantes de la UC3M decidieron pasar sus días en el campus para participar en la quinta edición del SIC3M, la simulación parlamentaria más grande del país.

Organizado por Ágora, asociación estudiantil de ámbito jurídico cuyo objetivo es fomentar el debate político y promover los valores democráticos entre los jóvenes, el SIC3M volvió a demostrar que la vida universitaria va mucho más allá de las aulas. El equipo organizador, encabezado por dos directores generales y dividido en áreas de logística, academia, comunicación y staff, llevó a cabo un trabajo impecable que se reflejó en el rotundo éxito del modelo.

El funcionamiento de la simulación es sencillo. Cada estudiante inscrito pasa a llamarse diputado y se le asigna un partido político español. En base a sus principios e ideales, debe argumentar y debatir. El modelo se estructura en nueve comisiones, tres de nivel principiante, tres intermedias y tres avanzadas, cada una dirigida por un presidente y un vicepresidente. En ellas se discuten proposiciones de ley y las enmiendas presentadas por los distintos grupos sobre temas de especial relevancia actual, salvo en el caso de la comisión secreta y la de investigación, cuya naturaleza exige un formato distinto.

Las sesiones se dividen entre comisiones y plenos. Estos últimos se celebraron en el Aula Magna del campus de Ciencias Sociales y Jurídicas en Getafe, mientras que los debates reducidos tuvieron lugar en distintas aulas del edificio de la Biblioteca de Humanidades. El broche final llegó con la última sesión plenaria, celebrada nada menos que en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Esta es la primera vez que este espacio se cede para una actividad académica de este tipo. La presidenta del Congreso, Francina Armengol, acompañó a los estudiantes junto a miembros del profesorado de la universidad y diputados en activo.

Sin embargo, el SIC3M va mucho más allá del debate político. El equipo de comunicación produjo telediarios y periódicos satíricos que parodiaban distintos medios y sus respectivos sesgos ideológicos. A ello se sumaron un activo equipo de prensa rosa en redes sociales y videógrafos y fotógrafos que documentaron cada momento.

Como en la mayoría de simulaciones académicas, el staff desempeñó un papel esencial, entre otras cosas, en el ya tradicional reparto de claveles. Más de 600 flores circularon durante el fin de semana. Tampoco faltaron los espacios para la socialización. Una cervezada en el campus patrocinada por la marca Alhambra, una fiesta en Cats Madrid y otra en la sala Bless de Getafe completaron la experiencia.

En el SIC3M, además de reinar la confrontación de ideas, la tolerancia hacia el discrepante y la construcción de argumentarios sólidos, tiene como uno de los grandes protagonistas al humor. Lejos de restar seriedad al debate, lo humaniza y fortalece la convivencia entre "ciudadanos" que, durante unos días, asumen el papel de representantes públicos.

El SIC3M es uno de esos pocos eventos capaces de lograr que cientos de jóvenes decidan pasar su fin de semana en la universidad y terminen riendo a carcajadas en el proceso. Porque, al final, iniciativas como esta recuerdan que la universidad no es solo un lugar al que se va a estudiar.

Gracias a Ágora, este febrero muchos estudiantes de la UC3M no fueron simplemente estudiantes, sino que fueron plenamente universitarios.