Ríanse, que es para reírse

Pablo García | Opinión
La legislatura vive uno de sus momentos más delicados con un Gobierno sin capacidad para sacar adelante su agenda legislativa. Mientras, el presidente, a carcajada limpia
Han pasado 1.085 días desde que el Congreso de los Diputados aprobó la última Ley de Presupuestos Generales del Estado. Desde entonces, el Gobierno no ha sido capaz de cumplir su obligación constitucional de presentar el proyecto en la Cámara para debatir y votar unas cuentas nuevas ante el riesgo inminente de perder la votación. Quizá ignore el presidente que la Constitución no obliga a disolver las Cortes en caso de que los Presupuestos no salgan adelante. Exige presentarlos, y luego ya se verá.
La tradición católica utiliza el rezo de las letanías, constantes y repetitivas para facilitar la concentración y aquietar las distracciones del día a día. Desde la primera prórroga presupuestaria en 2023, el presidente Sánchez y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, encadenan expresiones letanistas que prometen llevar al Congreso los Presupuestos este año, pero el plazo oficial para hacerlo haya terminado el pasado 30 de septiembre. Cuando un Gobierno incumple la Constitución, lo habitual es forzarle a dimitir, pero la oposición tampoco está en condiciones ni de proponer un programa de gobierno alternativo ni una moción de censura.
Los PGE no son la única cuenta legislativa pendiente que tiene el Gobierno. Recientemente, el ministro para todo de Sánchez, Félix Bolaños, sacó pecho de haber aprobado en el Consejo de Ministros un anteproyecto para reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pero debemos entender la euforia de Bolaños en su contexto. Haber conseguido poner de acuerdo a ministros del mismo gabinete es un mérito que no todos consiguen.
Otra de las reformas clave para el Gobierno, acosado por los casos judiciales que cercan al presidente, es la llamada "Ley Begoña", con la que se pretende limitar la acusación particular en los procesos judiciales. Si saliese adelante, jugaría un papel muy favorable en el desarrollo de la presunta trama que afecta a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, y su hermano, David Sánchez.
La escena política que contemplan los ciudadanos tiene algo de espectáculo permanente. Con el paso del tiempo, muchos parecemos habernos acostumbrado a observar en silencio cómo las reglas se reinterpretan según la conveniencia del legislador, las promesas se diluyen y la Constitución se consulta con la misma atención que se presta a un folleto de propaganda callejera.
Mientras, desde la bancada azul del hemiciclo resuenan las risas, burlas, gestos de despreocupación. Una mezcla de ironía y hastío. Pero no se conoce tarde en la que el festejo quede sin terminar ni toro sin lidiar —los del indulto con pañuelo naranja ya están servidos—. Respecto a la observación silenciosa de la ciudadanía, basta con recordar que los tendidos enmudecen cuando el matador da la estocada final. Ríanse, que es para reírse.
