Odio la nostalgia

25.10.2026

Gabriela Jiménez Medína


Definitivamente odio la nostalgia. Es una sensación tan horrible, porque echas tanto de menos ciertos momentos que te queman el corazón con solo recordarlos. Aunque también es cierto que tengo temporadas que me parece un sentimiento bonito, uno de los mejores. Probablemente esta bipolaridad se deba a que es algo agridulce según Internet, es precioso recordar todo aquello que te hizo sentir tan bien y útil en el pasado, pero te hace sufrir desgarradoramente cuando eso o alguien ya no está, y probablemente nunca más vaya a regresar.


La vida pasa muy deprisa, y con ella los recuerdos, que incluyen a las personas, lugares, eventos o situaciones. Estos vienen a tu vida muchas veces sin avisar, como un rayo ocasionado por una tormenta, que pueden quedarse o pueden irse con el tiempo, y esto último es lo que más duele. Quizás es ser algo egoísta por no apreciar todo lo bueno que se ha quedado, todo lo bueno que sigue ahí para ti, pero solemos tender hacia lo que se ha ido, que suele ser lo que más queríamos. Nos aferramos a ello como un árbol en una riada, pero por mucho que hagamos todo lo posible, incluso rebajándonos a nosotros mismos o poniéndonos en situaciones en las que jamás estaríamos si no fuera por el sufrimiento que llevamos dentro, nos lleva la corriente.


Quiero pensar que es a lo que estamos destinados. Dios, el destino, o lo que sea que exista ha decidido qué es lo mejor para nosotros. A lo mejor no es en el corto plazo, porque te ocasiona más dificultades, pero en el largo plazo todo acaba encajando. Te deja una lección que nunca podrás olvidar, y aunque caigas de nuevo en el mismo pozo, te hace volver a empezar para dejarte la misma enseñanza. Como una fábula.


Personalmente, creo que la nostalgia será la causa de mi muerte. Ojalá esté equivocada. Quizá es una exageración, pero pienso que parte de mi personalidad se debe a la obsesión por intentar revivir ciertos momentos que he vivido, ciertos periodos de mi vida que me hicieron sentir verdaderamente viva. Todo ello me atormenta diariamente, y no me deja seguir adelante de la mejor manera. Arrastrándome llegaré a una edad en la que los recuerdos y las ilusiones frustradas se acumularán, y mi cabeza no podrá más. Ahí simplemente creo que tanto mi mente como mi cuerpo se apagarán solos, como cuando en un matrimonio uno de los dos integrantes fallece y el otro al poco tiempo también, con poca explicación.


Pero, ¿de verdad voy a dejar que eso suceda? ¿Voy a dejar que la vida pase y que la nostalgia me coma viva? No debo. Debo tratar de luchar por dejar apartado ese sentimiento y vivir el presente, no el pasado ni el futuro. Debo levantarme cada mañana con ganas de comerme el mundo (una expresión que en verdad me irrita un poco, debo decir) y esforzarme por centrar mis esfuerzos en lo que amo, en mi futura profesión y sobre todo en mejorar mi persona. Esto es lo que deberíamos hacer todos, cada uno a su ritmo. Sin prisa pero sin pausa. Porque la vida trata de eso, de no parar de vivirla, sobre todo como queramos.


La nostalgia puede ser bonita y necesaria para recordar de dónde venimos, pero no puede determinar hacia dónde vamos. Porque solo nosotros podemos guiarnos hacia el culmen de la vida.



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