La cultura de la violación más presente que nunca con el caso de los 7 de Cornell

20.10.2026

Marina García García

Un caso de violación grupal a una estudiante en la Universidad de Cornell reaviva la conversación sobre el "not all men, but always a man"

"Los 7 de Cornell", así se les llama a los siete chicos denunciados por abusar sexualmente de una chica de veinte años en una fiesta de su fraternidad, Chi Phi, en octubre de 2024. El caso ha salido a la luz tras ser presentada una demanda civil contra ellos, además de las fuertes críticas a la institución por la respuesta a las acusaciones: dos alumnos expulsados y cinco castigados con suspensiones temporales, talleres o trabajos escritos.

Según informa The Independent, la denuncia explica que la joven, que ha querido permanecer en el anonimato, por lo que se le ha denominado como Jane Doe, fue presionada para consumir sustancias, mientras que uno de los chicos mandó un mensaje por el grupo de Snapchat de la fraternidad para que acudieron más personas, ofreciendo "putas gratis". Ante ello, varios hombres acudieron a la llamada, iniciando una violación en manada durante horas hasta después de que Jane Doe perdiese el conocimiento.

Pero estos siete chicos no son los únicos a señalar, ya que en dicho grupo había al menos 50 personas y ninguna de ellas ayudó o dio la voz de alarma de la situación, convirtiéndose en cómplices silenciosos. Para muchos, este ha sido el dato que más los ha horrorizado, no la violación en sí. Ya son tantos los casos que nos hemos terminado insensibilizando ante ellos.

Y con esto entra el término "cultura de la violación", que se refiere a la normalización de la violencia sexual hacia mujeres y niñas, protegiendo al patriarcado y a los agresores sexuales. El término se acuño en la década de los 70, durante la segunda ola feminista, teorizando sobre el sistema social que sostiene y permite que la violencia sexual se convierta en una herramienta para ejercer control y opresión.

Varios estudiantes de Cornell ya avisaron de las tendencias de las fiestas universitarias en las fraternidades dos años antes de este suceso. La Asamblea Estudiantil de Cornell aprobó una resolución explicando que se estaba produciendo "una cultura de violación bien conocida en la que las víctimas son silenciadas y los perpetradores a menudo nunca rinden cuentas por sus actos" en diciembre de 2022. La respuesta ante esto fue la suspensión de los eventos sociales de las fraternidades de manera temporal y alentar a denunciar estos casos a la policía del campus.

Dicho cuerpo avisó en solo una semana de cinco casos de consumición de drogas involuntaria y dos denuncias de agresión sexual, todos en domicilios de fraternidades.

Jane Doe, tres semanas después de lo ocurrido, denunció la agresión a los policías del campus y estos le proporcionaron la información a la fiscalía. Ellos se negaron a presentar cargos en su momento, pero el 28 de septiembre de 2026, el fiscal del condado ha reabierto el caso.

La mayor polémica de este caso surge con los castigos de la universidad hacia los Cornell 7. La universidad confirma que realizó una investigación, cerró la fraternidad e impuso distintas sanciones aunque sin especificar más detalles. Sin embargo, según el abogado de la demandante, únicamente dos de los siete acusados fueron expulsados, mientras que a los restantes se les impusieron sanciones como suspensiones temporales, talleres o ensayos escritos.

Aquí recae la conversación que se ha estado dando en internet las últimas semanas: ninguno de los acusados ha sido arrestado, a pesar de que incluso la universidad les ha encontrado culpables, castigándolos en mayor o menor grado, este tipo de agresiones se terminan blanqueando y minimizando cuando son un delito penal.

Y es que el caso de los Cornell 7 encaja perfectamente en una serie de comportamientos y patrones que se han documentado y estudiado desde hace décadas, como el libro de la antropóloga Peggy Reeves, Fraternity Gang Rape (1990) donde explica como las violaciones en las fraternidades no son excepcionales, sino que se ve como un ritual que fortalece la hermandad masculina. En un estudio realizado con más de setecientos estudiantes, se demostró que las mujeres de sororidades sufren más violencia sexual, con más de un tercio de los casos reportados en casas de fraternidades (Violence Against Women, 2009).

Otro aspecto muy dañino de la cultura de la violación es la culpibilización de las víctimas. Desde que este caso se ha dado a conocer en redes sociales, se ha intentado destapar la identidad de Jane Doe. "Lo que me sucedió fue devastador y humillante", explica ella en su denuncia como justificación de su anonimato, además del miedo a sufrir represalias externas tanto ella como su familia. Esto es una gran contradicción, ya que ella siendo la víctima está sufriendo más ataques que los supuestos violadores.

Se ha intentado justificar este acto de todas las maneras posibles: la vestimenta, la consumición de alcohol, la hora, el lugar, que estaba sola… e incluso en la investigación hecha por la universidad se registró que uno de los estudiantes llegó a culpar a Jane Doe de abusar de él, dándole la vuelta a la historia completamente.

Lo que nos recuerda, una vez más, que la violencia de género se sostiene en la complicidad, la normalización, la negligencia institucional y la visión patriarcal que todos tenemos integrada y de la que muchos no saben deshacerse. Porque está integrada en todas partes: el cine, la música, las actitudes diarias. Es nuestro día a día y pocas veces podemos llegar a distinguirlas, pero cuando lo hacemos y denunciamos, de una manera u otra, las "locas" y "mentirosas" siempre terminamos siendo nosotras, las mujeres.

Porque ahora mismo estamos hablando de los Cornell 7, pero podríamos cambiarlo por los tantos nombres del Caso Epstein, Rubiales, Chris Brown, Dani Alves o Harvey Weinstein...

Y, créanme, ojalá poder confiar en el "not all men" pero es que casi siempre termina ganando el "but always men". Tenemos claro que esta lucha va a estar estancada hasta que vosotros, los hombres de nuestra sociedad, decidáis no tenerle miedo al cambio, a no regocijaros en vuestros privilegios. Como dijo la actriz Florence Pugh: "Este es el momento en el que necesitamos que nuestros hombres estén tan horrorizados y asqueados como nosotras.

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