NAZA, el documental sobre Gaza que ha sido señalado por Netanyahu
Claudia Peterson

El documental, premiado en el festival de Venecia, presenta los testimonios de 24 miembros anónimos del ejército y los servicios de inteligencia israelíes sobre los sistemas militares para bombardear Gaza, ha desatado la hostilidad en Israel y ha puesto a sus directores en el punto de mira.
La investigación de esta película se centra en la selección de objetivos militares en Gaza tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el coste humano de estas decisiones. Durante el documental, los militares explican fríamente cómo se utilizaban sistemas para identificar a posibles miembros de Hamás. Tras esta identificación, los ataques se aprobaban aun con el conocimiento previo de que podían causar numerosas víctimas civiles, entre ellos niños y familias enteras. Previa al ataque, la vigilancia de los palestinos podía incluir el seguimiento de sus teléfonos y sus visitas a sus viviendas familiares.
Su nombre, NAZA, no es casual. Remite a una expresión militar israelí que denomina a los «daños colaterales». Así es como los 24 militares e integrantes de los servicios de inteligencia de Israel describen a los civiles palestinos asesinados dentro de una operación militar. La idea central del documental es, entonces, mostrar como una expresión "técnica" oculta una realidad brutal y grave: que, según los testimonios, las muertes de civiles no siempre son una consecuencia inesperada, sino una simple cifra que se acepta por los servicios militares israelíes antes de un ataque, como un coste adicional.
Las reacciones al documental en Israel han incluido ataques políticos, intimidación y amenazas y violencia pública. Sus directores, los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, han sido acusados por la derecha como traidores por denunciar las prácticas militares del país. Las amenazas no solo quedan en intimidaciones ante la casa de los padres de Szor, sino que algunos manifestantes pidieron la pena de muerte para los cineastas. Además, el ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, solicitó que se les retirara la nacionalidad del país. Ante las amenazas recibidas, ambos directores abandonaron Israel y expresaron su preocupación por la posibilidad de regresar.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha expresado un rechazo rotundo hacia la película. Describe a NAZA como una traición indignante que perjudica a Israel y sus fuerzas armadas y, según él, se trata de una campaña internacional antisemita. El 11 de octubre pidió una investigación exhaustiva sobre los miembros anónimos que proporcionaron estos testimonios con el fin de que estos fueran llevados ante la justicia, pues podrían manchar la imagen del país y difamar al ejército.
Por el momento, el conflicto sigue abierto, y las medidas anunciadas por las autoridades israelíes apuntan a una gran presión sobre los cineastas, que aún viven el riesgo de volver a sus hogares.
La importancia de NAZA reside en su intención: una película que desplaza la mirada desde la destrucción hacia las decisiones detrás de ella. No pregunta únicamente cuántos civiles han fallecido, sino quién lo asume y quién autoriza el riesgo. El caso de este documental ha situado en el centro del debate la libertad de expresión y el derecho a denunciar abusos militares.
