Las cicatrices de Irlanda del Norte: una marcha protestante reaviva el conflicto social en Garvaghy Road

29.09.2026

Héctor Montejano García

Vecinos católicos bloquean el paso de la Orden de Orange en Portadown tras revocarse la prohibición vigente desde 1998. Fuente: The Guardian
Vecinos católicos bloquean el paso de la Orden de Orange en Portadown tras revocarse la prohibición vigente desde 1998. Fuente: The Guardian

Este pasado domingo 27 de septiembre, la ciudad norirlandesa de Portadown ha vivido uno de los momentos más tensos que se recuerdan desde que The Troubles finalizasen en 1998. Tras 28 años de prohibición, la Orange Order, una famosa fraternidad protestante y pro-unionista, recibió el permiso del High Court de Belfast (Tribunal Superior) para llevar a cabo su tradicional marcha por la ciudad, atravesando Garvaghy Road.


Si bien el suceso parece un caso aislado dentro de la disputa social en el Úlster, reviste gran relevancia. La Orange Order tiene su origen a finales del siglo XVIII, fundada en honor del rey Guillermo de Orange (posterior Guillermo III), quien, durante la Batalla del Boyne (1690) en tierras irlandesas, vencería a su suegro/tío Jacobo II tras la Revolución Gloriosa (1688) y consolidaría el protestantismo como religión dominante en Reino Unido. Tradicionalmente, la Orden marchaba por las calles de Portadown hasta llegar a la iglesia anglicana de Drumcree, pasando a su vuelta por Garvaghy Road. No obstante, durante el siglo XX, esta calle sufrió un drástico cambio demográfico y pasó a estar habitada mayoritariamente por irlandeses católicos y republicanos, quienes se oponían frontalmente a que una Orden protestante y unionista desfilara por sus calles con banderas británicas y una simbología que celebraba una derrota histórica para ellos.


Durante el brutal conflicto civil que vivió Irlanda del Norte entre 1968 y 1998 (The Troubles), Garvaghy Road explotó en 1995, en plenas negociaciones de paz. Entre 1995 y 1997, el desfile de la Orange Order era un enorme foco de tensión, con concentraciones de ambas partes. Si se prohibía la marcha, la Orden reunía miles de miembros y manifestantes lealistas para asediar las barreras policiales. Si se permitía, eran los vecinos y la comunidad católica quienes se amotinaban, considerándolo una provocación y una vulneración de sus derechos. Todo esto mientras las muertes y los episodios de violencia se acumulaban, como el asesinato de los 3 niños de la familia católica Quinn en Ballymoney en 1998, o la muerte de Darren Murray, un niño católico de solo 12 años, en Portadown en 1996. Esta situación, totalmente fuera de control para las autoridades, llevó a la creación de la Parades Commission (Comisión de Desfiles) en 1998, que prohibió a la Orange Order marchar por Garvaghy Road sin la aprobación expresa de la comunidad local. Aprobación que, de forma sistemática durante los últimos 28 años, los vecinos habían denegado.


Y esto nos lleva al presente, donde el High Court de Belfast ha revocado la restricción de la Parades Commission, permitiendo a la Orden marchar sin permiso de los vecinos, aunque con ciertas restricciones: número de asistentes limitado a 35 y bandas de música, seguidores o pancartas vetadas. El desfile estaba previsto para el domingo 27 y debía finalizar antes de las 8:00 de la mañana. El intento de minimizar la marcha no logró impedir la movilización de los vecinos. Según medios internacionales, unas 2.000 personas se concentraron en Garvaghy Road, obligando a la policía norirlandesa (la PSNI) a intervenir. Empleando vehículos blindados y cordones, separaron a ambos bandos en un punto muerto que se prolongó hasta la madrugada. Finalmente, los 35 Orangemen, detenidos cerca de la iglesia de Drumcree, tuvieron que suspender la marcha, que llevaba horas paralizada.


Las protestas de los vecinos han sido muy mediáticas, no solo por el volumen de personas congregadas, sino también por la aparición de personas como la madre y la tía de Darren Murray, quienes acudieron al cordón con una fotografía del joven fallecido años atrás para visibilizar el trauma intergeneracional de la comunidad católica local ante el regreso de las marchas.

La madre y la tía de Darren Murray se enfrentan al cordón policial en Garvaghy Road. Fuente: Mal Mccann
La madre y la tía de Darren Murray se enfrentan al cordón policial en Garvaghy Road. Fuente: Mal Mccann

A pesar de la firma en 1998 del Acuerdo de Viernes Santo, y de que las organizaciones terroristas de antaño, como el IRA Provisional (bando republicano) o el UVF (bando lealista), hayan abandonado la lucha armada (aunque las lealistas no se han disuelto por completo), la cuestión norirlandesa sigue tan presente como nunca. Las formas del pasado se han dejado atrás y, afortunadamente, no ha habido que lamentar muertos ni heridos, pero el problema sigue latente, y desarrollos recientes, como la firma del Pacto de Cardiff o estos sucesos en Garvaghy Road, demuestran que Irlanda del Norte tiene un arduo camino por delante. 

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