La sociedad del espectáculo: Vivir para aparentar en la era de las redes

19.10.2026

Lara Gómez Larrotcha

¿Alguna vez te has preguntado si lo que quieres conseguir en la vida lo quieres por ti mismo o para obtener la aprobación de los demás?

El ser humano es social por naturaleza: siempre ha necesitado sentirse parte de un grupo y contar con la aprobación de los demás. Sin embargo, la forma de buscarla ha ido cambiando a lo largo de la historia.

Antes, las personas buscaban ser alguien y construir su propia identidad para los ojos de una comunidad real. El reconocimiento llegaba a través de sus acciones, y la validación, de sus vínculos personales.

Esto cambió con la llegada gradual de la sociedad capitalista, que desplazó el valor del "ser" hacia el del "tener": el éxito y el valor de una persona empezó a medirse por lo que poseía. Ya en 1967, el filósofo francés Guy Debord advertía en su libro "La sociedad del espectáculo" de que las relaciones entre las personas empezaban a estar mediadas por imágenes y apariencias. Lo que se tenía influía cada vez más en cómo nos percibían los demás.

Hoy en día, sin embargo, este fenómeno se ha intensificado enormemente debido a las redes sociales. Parece que todo el mundo busca tener o ser alguien solo para mostrarlo en ellas y así construir un perfil digital basado en simples apariencias, que muchas veces no refleja la realidad. Esto me lleva a preguntarme si hemos pasado de querer ser alguien ante nuestra comunidad a necesitar demostrar constantemente que lo somos ante una audiencia digital.

Esta necesidad de demostrar quiénes somos se refleja en gestos cotidianos: cuando alguien elige un restaurante más por su estética o prestigio que por la comida; cuando comparte absolutamente todo lo que hace pero no está realmente presente; cuando vende en sus redes una fachada de principios y valores que no practica; o cuando edita o retoca fotos de sí mismo para mostrar una imagen irreal o idealizada.

¿Y cuáles son realmente las consecuencias de este comportamiento? Esta superficialidad a la que nos hemos acostumbrado puede dañar nuestra salud mental, porque genera un círculo vicioso del que es difícil salir: observamos vidas idealizadas, comparamos la nuestra, sentimos que no es suficiente y tratamos de proyectar una imagen mejor. De esta manera, la aprobación se convierte en una fuente de satisfacción externa que necesitamos renovar constantemente, y su ausencia puede llevarnos a dudar de nuestro propio valor. Y de esta sociedad del espectáculo, de la que todos formamos parte, quienes más se lucran son las propias plataformas, cuyo diseño y algoritmo incentivan este fenómeno.


Pero ¿existe alguna manera de escapar de este círculo vicioso? Querer encajar y necesitar validación es inevitable, ya que es natural en la experiencia humana. Lo que sí podemos hacer es ser conscientes de ello para distinguir lo que hacemos de manera genuina de lo que hacemos solo por gratificación externa o para aparentar. Para empezar, es importante que te preguntes: ¿Quién eres realmente cuando nadie está mirando?

Share