La paradoja del armario caducado: las modas son cada vez más pasajeras
María del Carmen Aragoneses Pardillo
Existe un pequeño gesto que retrata a la perfección el ritmo de la moda actual: hacer el cambio de armario cada temporada. Abrir los cajones, sacar la ropa guardada unos meses atrás y descubrir que esas prendas, que se compraron con entusiasmo hace menos de un año, hoy resultan cansadas de ver y usar. No es que se hayan desgastado, roto o desteñido, es que se consideran "pasadas de moda".
Esta idea se ha arraigado en la industria textil durante las últimas décadas bajo el nombre de "microtendencias", pero la cuestión del asunto es ¿por qué?, ¿qué ha ocurrido para llegar a esta situación?.
La moda cíclica y la moda acelerada
Antes de diferenciar los conceptos de moda, conviene tener presente una cosa: las modas siempre han sido cíclicas, aunque el tiempo las reinvente antes de volver a los escaparates.
Antiguamente las tendencias eran más longevas que hoy, y no es necesario investigar mucho para averiguar que la respuesta a las preguntas planteadas anteriormente tienen que ver con tres factores: la rapidez de la tecnología, la economía y los hábitos de consumo. Juntos, han provocado que el ciclo de vida del producto se acelere a niveles exponenciales.
Los factores decisivos
Las redes sociales son un fenómeno determinante, ya que la sociedad actual no se fija tanto en modistas y personas influyentes de este mundo. Lo que más tienen a mano son los influencers a los que siguen, lo que hace que cuando una persona con un cierto número de seguidores publica que lleva determinada prenda, todos empiezan a comprarla.
Sin embargo, todas estas tendencias envejecen mal. Lo que hoy está a la moda, mañana aparece un influencer con algo completamente distinto y el ciclo vuelve a empezar. Un artículo de El señor Wom y Asesores explica que "diseñar una identidad de marca apoyándose en el recurso visual de moda del momento es, literalmente, incrustarle una fecha de caducidad del primer día". Una expresión acertada a la hora de abordar esta cuestión, puesto que muchas marcas de la industria crean estilos sin cesar porque es lo que genera ventas.
Prendas que sí han perdurado
A diferencia de las microtendencias que caducan en cuestión de meses, la gabardina es un ejemplo de la atemporalidad en el vestir. Fue concebida originalmente por Thomas Burberry durante la Primera Guerra Mundial para proteger a los soldados en las trincheras, esta prenda trascendió su uso militar para convertirse en un icono indiscutible del cine y del estilo urbano.
Más de un siglo después, su diseño sigue intacto en los escaparates de todo el mundo, demostrando que cuando una pieza nace de la necesidad práctica y la simplicidad estructural, no hay algoritmo ni ritmo de modas rápidas capaz de dejarla pasada de moda.
Excepciones revolucionarias
Cierto es que hay muchas personas que poseen un estilo tan definido que es excluido de esta cuestión. Un ejemplo, como bien explica la revista Telva, es Sofia Coppola. Su vestidor no responde a la urgencia del consumo efímero, sino a una coherencia estética construida a lo largo de los años.
Al igual que ocurre con la clásica gabardina, el caso de Coppola demuestra que tener un estilo propio bien cimentado es la forma más directa de neutralizar la caducidad impuesta por el mercado: cuando la ropa se elige desde la identidad y no desde la moda pasajera, la tendencia deja de ser una obligación para convertirse, simplemente, en ruido de fondo.

