La objetividad: un concepto caro en la democracia actual

06.10.2026

Pablo Perojil Velázquez

Pixabay
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Investigar y contrastar la información con el fin de ofrecer una visión representativa de la realidad. La función del periodista es clave para ofrecer a la sociedad las herramientas suficientes para que, a partir de su espíritu crítico y gracias al derecho a la libertad de expresión dictada por la Carta Magna, sea capaz de expresar su punto de vista acerca de distintos temas que surgen en el día a día. Además, a partir de ello, poder ejercer su derecho a voto, propio de un estado democrático.


El papel de un periodista es muy importante en un estado democrático y de derecho, haciendo énfasis en la importancia del papel objetivo que debe cumplir (o acercarse mayormente a ello), dejando de lado las falacias y las exclusivas engañosas.


Es evidente que la objetividad es un término utópico. Antonio Caño decía que defenderla en España es algo complejo, cuando el propio periodismo es víctima del intrusismo, protagonizado por políticos que lo emplean como instrumento para su promoción personal. Esto para un estado democrático no es precisamente lo más adecuado pero, tristemente en los tiempos que corren, es algo irremediable.


El periodista venezolano Moisés Naim, en su libro La revancha de los poderosos y en un entrevista para el periódico El País posteriormente, argumenta que los líderes políticos actuales no poseen una ideología fija, sino, lo que se conoce como las 3P. Esto es algo curioso, emplea el término populismo, en primer lugar, al señalar que se priorizan las apariencias y emociones colectivas por encima de la verdad y los hechos comprobables. Al mencionarlo, se me vienen a la cabeza líderes como Jose Antonio Primo de Rivera o Santiago Abascal u otros como Nicolás Maduro o Hugo Chávez.


Aborda, en segundo lugar, la polarización, con el objetivo de enfrentar a la sociedad, esto es uno de los aspectos que alimenta la comunicación institucional, que frena el intento de alcance de esa utópica objetividad.


Por último, Moisés hace hincapié en la posverdad. Los discursos de los políticos de hoy en día, provocan en los ciudadanos un reflejo, el de influir en menor parte de sus discursos aquellos hechos que son objetivos, ya que prima un sentimiento que se encuentra por encima. Hoy en día, el ser humano toma un fragmento de la verdad y no esta en su totalidad, con el fin de buscar aquello que le es beneficioso en su propio discurso.


La objetividad ha de figurar en el DNI de cada periodista, pero es cierto que hoy en día, gracias a los políticos y sus discursos, y la influencia que estos provocan en cada uno de los ciudadanos, el periodista es de las pocas personas que ha de tener más presente este concepto. No debe caer en la necesidad de publicar esas falacias y noticias falsas, que tan apetitosas son para ellos a día de hoy, ya que saben que una "publicación" de estas características les puede lucrar, en una sociedad protagonizada por ese dinero llamado audiencia.


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