La industria del déjà vu y la “muerte de la novedad”

24.10.2026

Claudia Peterson 

Fuente: Stylist
Fuente: Stylist

Estos últimos años, cuando vamos al cine, los nuevos estrenos parecen anunciar regresos y retornos más que novedades. El déjà vu, el nuevo síntoma de la industria audiovisual, amenaza con dejar a los nuevos guiones y a las ideas originales en segundo plano, inundando las carteleras de reboots, remakes, spin-offs, precuelas y secuelas.

Gladiator II, El diablo viste de Prada 2, Shrek 5 e incluso la esperada adaptación a manos de HBO de la famosa saga de Harry Potter: desde los estrenos de 2025 hasta los proyectos previstos para los próximos años, todos nacen de proyectos anteriores, ya vistos y que ya cuentan con un público que guarda un vínculo con ellos. Es difícil distinguir si estamos solo ante una época de nostalgia creativa o ante una industria que ha dejado de confiar en las historias nuevas y prefiere explotar antiguas joyas para asegurar su rentabilidad.

Para las grandes productoras, recuperar una historia conocida parece una apuesta más segura que invertir en un universo completamente novedoso, pero volver casi nunca supone mejorar. Confiando en el éxito de sus predecesoras, algunas producciones parecen apostar por el reconocimiento de la marca por encima de la calidad, reduciendo los presupuestos de aspectos fundamentales, como el guión. Entonces, el impacto es casi opuesto al esperado: Los seguidores de estos universos cinematográficos salen de las salas decepcionados cuando la esperada secuela o el ansiado remake no están a la altura de las películas originales, mientras que aquellos que no sienten especial apego por estas franquicias se aburren de la falta de títulos originales en las carteleras.

Sin embargo, las historias originales no han muerto del todo, ni parece que vayan a hacerlo. Su principal obstáculo es que tienen menos visibilidad y oportunidades de financiación por parte de los grandes estudios, que optan por franquicias e ideas con una rentabilidad más segura. Dentro de este contexto, destaca la productora A24 como contrapunto, con propuestas originales como The Drama, Marty Supreme o Backrooms, que han logrado ser éxitos taquilleros recaudando alrededor de 727,7 millones de dólares entre las tres. Vemos cómo A24 demuestra que la originalidad también puede ser rentable. El problema actual no parece ser, entonces, la sequía de nuevas ideas, sino que la industria no está siempre dispuesta a asumir su riesgo.

Al final, el problema no es que el cine mire al pasado, sino que se quede atrapado en él. La nostalgia puede traer de vuelta historias que marcaron la cultura pero explotarlas una y otra vez también puede desgastarlas. Cada vez más estrenos recuperan personajes y mundos conocidos, mientras las historias nuevas tienen que hacerse hueco en las carteleras. Así, el déjà vu deja de ser una sensación ante la pantalla para convertirse en un síntoma de una industria que se enfrenta al reto de renovarse.

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