La “generación de cristal” cada vez más resistente
El insulto que hace que más jóvenes se involucren en movimientos sociales.
Ane Garai Gutiérrez

Hace ya 14 años que la filósofa española Montserrat Nebrera designó a los nacidos a partir de los 2000 con el término "generación de cristal". Nos describía como frágiles y sensibles. Según ella, haber crecido con las nuevas tecnologías ha conllevado mayores comodidades y una elevada protección, lo que hace que no sepamos enfrentarnos a las críticas o fracasos.
Con la llegada del COVID-19 esta denominación comenzó a generalizarse en redes sociales de manera aún más despectiva. Muchos jóvenes empezaron a hablar de temas de salud mental como ansiedad y depresión, a defender injusticias sociales, expresar emociones y pedir respeto, lo que despertó una reacción en muchos adultos de generaciones anteriores. Al ser temas considerados tabú, criticaban esta actitud afirmando que ahora todo afecta a los jóvenes.
Pero esta vulnerabilidad que ellos ven en nosotros es en realidad admirable. Nos encontramos con una generación que ha demostrado todo lo contrario a "ser de cristal": personas que no se quedan calladas, que buscan defender lo que desean y luchan por ello. Una generación que da la cara por resolver problemas.
A menudo vemos noticias de jóvenes movilizados en protestas e implicados en numerosas concentraciones. Muchos adolescentes publican vídeos creando comunidades de apoyo y dando visibilidad a temas antes silenciados. Esto demuestra que realmente hay una sensibilidad emocional hacia temas sociales y que no somos, como algunos nos han etiquetado, "una panda de vagos y débiles". Además, expertos señalan que esta juventud ha conseguido avances importantes en numerosos aspectos.
La acampada en Sol es otro ejemplo más de que se sigue peleando. Miles de jóvenes han salido a manifestarse por la crisis de la vivienda y los desahucios. Y, mientras muchos juzgan esta protesta, se ha conseguido que se trabaje en un nuevo decreto. La gente piensa quedarse varios días para presionar y pedir alquileres más justos.
Por lo que, sí, somos la generación de cristal, pero un cristal blindado, ese material casi imposible de romper y que resiste los golpes sin quebrarse, que seguirá reivindicando, defendiendo derechos y apoyando a los que lo necesitan.
Lo hicimos en la pandemia, con la DANA, y lo hacemos cada día defendiendo mejoras en sanidad, educación e igualdad; lo hemos hecho ahora por la vivienda y lo seguiremos haciendo.
