La epidemia de la crispación

02.11.2026

David Casas Torres

Una enfermedad inunda la sociedad. Tanto a grandes ciudades como a pueblos pequeños. Esa es la crispación. Ese sentimiento o sensación de que si no dices algo que pueda molestar a alguien no eres relevante. Estamos constantemente en guardia, a la defensiva. Siempre nos damos por aludidos y nos ofendemos. Toda aquella persona que no piense exactamente lo que nosotros es nuestro enemigo. Idolatramos a cualquier personaje de internet que use un lenguaje grandilocuente y vaya acorde con nuestros pensamientos más radicales. Esto hace que la conversación, el conocimiento, el respeto, la humildad y demás virtudes que habíamos adquirido como sociedad moderna se estén ensuciando.

Todo esto viene de las redes sociales. Esos lugares donde parece que cada uno es libre de pensar y de expresar, pero al final los algoritmos nos muestran lo que quieren para seguir una determinada corriente de pensamiento y así continuar con la rueda capitalista. Estos algoritmos que determinan en qué gastamos nuestro tiempo libre premia el discurso de odio, agresivo, extremo y radical porque es lo que genera más interacciones. Cada vez valoramos menos nuestro tiempo. Nuestro tiempo para nosotros lo gastamos en scrollear hasta el infinito viendo contenido vacío sin ninguna sustancia que apoyan esta crispación y polarización que nos acecha constantemente.

De esto se han dado cuenta los políticos. Ya las sesiones del Congreso de los Diputados parecen más peleas de bar. A ver quien jode más al otro. Se busca hacer menos mal que el contrario, en lugar de hacer las cosas bien.

Esta percepción hace un daño social terrible. O eres de un lado o de otro. No se admiten grises ni estar de acuerdo con ambas partes. Ni mucho menos intentar tener una discusión o debate en el que acabes entendiendo los argumentos de la otra parte. Esto es peligrosísimo. Nos puede llevar a que ninguna solución para cualquier aspecto nos parezca bien nunca. Esto pone trabas para arreglar problemas sociales muy profundos que acabamos tratando como si fuese ser del Barça o del Madrid.

La crispación fomentada por las redes sociales es el cáncer de la sociedad actual.

La solución a esto es complicada. Es difícil luchar contra los intereses de los dueños de los medios de masas que solo les importa que los usuarios generen contenido e interacciones constantemente. Aún así, siempre habrá remansos de paz donde se pueda tener una buena conversación, donde se pueda expresar tu opinión sin extremismos o donde se pueda aprender sin miedo a que este esté condicionado por algun factor político o ideológico. Solo tenemos que poner de nuestra parte como sociedad y saber en qué discusiones meternos y en las que no.


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