ICE: El rostro cambiante de la política migratoria en EEUU.
Nacido tras el 11-S y fortalecido como nunca en 2025, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas encarna el giro más profundo en seguridad, poder federal y debate migratorio en Estados Unidos.
Laura Vázquez Maceiras

Protestas contra el ICE
Creado a partir de una crisis y definido por la controversia. Así podría resumirse el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), la agencia federal estadounidense que nació como parte de la reorganización masiva del aparato de seguridad nacional. A diferencia de organismos históricos como el FBI o la DEA, ICE es hijo directo del trauma del 11-S y del nuevo paradigma de vigilancia y control que lo siguió. Nació para rastrear fraudes, contrabando y violaciones administrativas de inmigración, pero con el tiempo ha evolucionado hacia algo muy distinto, una fuerza política con financiación y ambiciones sin precedentes en la historia reciente del país.
El punto de inflexión llegó en 2025 con la aprobación por parte de la segunda administración Trump del One Big Beautiful Bill Act, que destinó cerca de 170.000 millones de dólares a seguridad fronteriza y deportaciones hasta 2029. De ese total, aproximadamente 75 000 millones fueron asignados directamente a ICE, convirtiéndolo en uno de los cuerpos de seguridad mejor financiados del país. La inversión permitió ampliar centros de detención, con capacidad para más de 100.000 personas, contratar decenas de miles de agentes y desplegar operaciones masivas de arresto en todo el territorio.
Este fortalecimiento ha intensificado el conflicto con las llamadas ciudades santuario, como Nueva York, Chicago o Denver, que limitan su cooperación con la inmigración federal para evitar que sus comunidades vivan bajo el miedo constante de redadas. La segunda administración de Donald Trump intentó condicionar fondos federales a estas ciudades mediante órdenes ejecutivas, aunque varios tribunales bloquearon parte de esas medidas por considerarlas inconstitucionales.
En paralelo, el programa DACA, que protegía a los Dreamers, jóvenes llevados al país siendo niños, ha sido debilitado en tribunales desde 2025, dejando a miles de beneficiarios en un limbo legal y afectando permisos de trabajo y acceso a oportunidades educativas.
Uno de los aspectos más controvertidos es la brecha entre el Derecho y la práctica. Permanecer en el país sin estatus legal constituye una infracción civil, no un delito penal. Sin embargo, las políticas actuales han derivado en arrestos masivos, detenciones prolongadas y deportaciones aceleradas, difuminando esa distinción.
Las tensiones alcanzaron un punto álgido a principios de 2026 en Minnesota, donde operativos de ICE se desarrollaron en paralelo con protestas masivas tras varias muertes de civiles a tiros por parte de agentes federales, entre ellas las de Renée Nicole Goody Alex Pretti. A ello se suma el uso reiterado del término "aliens" por parte de altos cargos como el vicepresidente JD Vance. Esta palabra jurídica fuera del Código adquiere una carga simbólica que deshumaniza y polariza el debate.
La controversia también se ha trasladado a la esfera cultural. Movimientos como #IceOut han ganado visibilidad en redes y eventos masivos, y artistas como Bad Bunny han criticado públicamente las políticas migratorias más duras en escenarios globales como los Grammy y la Super Bowl.
Lo que comenzó como una agencia técnica se ha convertido en el epicentro del debate migratorio estadounidense. Con recursos sin precedentes y un enfoque cada vez más combativo, ICE simboliza una nación que, en nombre de la seguridad, redefine no sólo sus fronteras, sino también el alcance de sus derechos y el poder de sus palabras.
