Escalada en Oriente Medio cuando se cumple un mes del inicio del conflicto

03.04.2026

Se cumple un mes desde el inicio de los bombardeos el pasado 28 de febrero, con un cuadro geopolítico cada vez más difícil en Oriente, y un final rodeado de incertidumbre.

Mateo Pampín

El pasado 28 de febrero, una primera oleada de bombardeos cogió por sorpresa a la población iraní y a sus dirigentes, acabando con la vida de cientos de personas, entre ellas, la vida del líder supremo iraní, Alí Jameneí. Así informó Reuters, y quedando confirmado por el propio gobierno iraní. Su muerte deja un profundo vacío de poder, habiendo sido sustituido por su hijo, Mojtaba Jameneí, en un claro acto de continuidad del régimen. El ataque vino precedido del cierre del espacio aéreo iraní, y del traslado de un gran músculo militar estadounidense a la zona. Desde entonces, y tras la respuesta iraní bombardeando instalaciones clave en las monarquías del Golfo y Chipre, las oleadas de ataques se han sucedido sin cesar, si bien a un ritmo mucho menor. Hemos tenido que esperar a la última semana de conflicto para que se diesen los primeros intentos de acercamiento entre los actores, con Pakistán como intermediario.

El ataque a Irán supone otra escalada de tensión en Oriente Medio, al igual que la Guerra de los Doce Días, de 2025. Irán, en particular, experimentó un clima de mucha tensión estos últimos años con protestas contra el régimen estatal. Estas protestas dejaron, hace unos meses, miles de muertes y más de 50.000 detenidos tras las violentas represalias del gobierno iraní, según varias ONGs. Estas grandes movilizaciones sociales y estudiantiles pusieron en jaque al ayatolá, dando voz a la situación de la población iraní. Estados Unidos, por su parte, y al igual que en 2003, ha utilizado el programa nuclear iraní como argumento para iniciar un ataque conjunto con Israel, y evitar que Irán consiga hacerse con armas nucleares. El pasado 18 de marzo, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense, Tulsi Gabbard, afirmó que Irán no enriquecía uranio desde 2025, al quedar diezmadas sus capacidades tras la Guerra de los Doce Días. Las disidencias internas en Washington han sido varias. El hasta ese momento director del Centro Nacional de Antiterrorismo, Joe Kent, dimitió el 18 de marzo, tras explicar en una carta publicada en X que Irán no representaba una "amenaza inminente".

La guerra gira en torno a varios factores (energía, comercio y agua), cuyo control se disputan ambos bandos. Uno de los ejes es el Estrecho de Ormuz, la principal problemática para Estados Unidos, sirviendo de arma comercial y estratégica para Irán. El enclave es de vital importancia para el comercio mundial y la industria energética: el 20% del gas natural licuado y del crudo mundial circulan por este estrecho, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). Este mismo organismo aclara que, en concreto, la situación afecta principalmente a los mercados asiáticos, que son el principal destinatario del 80% del petróleo y gas que cruza Ormuz. La mayoría de estos países, según la CNN, están empezando a aplicar medidas cada vez más extremas para reducir el consumo de petróleo y energía. En India, el Gobierno ha prohibido el suministro de gas a restaurantes, hoteles y pequeños negocios. Otros gobiernos, como el chino o el japonés, están explorando acudir a sus reservas petrolíferas. China, el gran rival estratégico de Estados Unidos, no se está viendo tan afectada, al contar con varios proveedores de petróleo. Este 'modus operandi' la hace menos dependiente del conflicto. También cuentan con una gran reserva de petróleo, pudiendo sobrevivir varios meses sin necesitar el crudo de Ormuz.

Otra de las grandes preocupaciones, peligrando con cada escalada, son las instalaciones hídricas, vitales para sostener a la población de Oriente Medio. Una gran parte del agua que se consume y se utiliza para el cultivo en la región procede de estas infraestructuras, aunque varía según el país. Según la BBC, las reservas de agua dulce son cada vez más escasas en la zona, por lo que estas instalaciones son cada vez más necesarias para sostener a la población. Por ello, ambos bandos han convertido la infraestructura hídrica en objetivos estratégicos para ejercer presión. Irán ha atacado una de estas instalaciones en Baréin. Un ataque estadounidense también ha impactado en una desalinizadora en territorio iraní, aunque no ha causado graves daños.

La principal escalada de tensión ha ocurrido en estas dos últimas semanas de contienda, con ataques cada vez más críticos en la región. Los bombardeos, especialmente con esta escalada, han provocado graves daños a infraestructura petrolífera y gasística, según varios medios. Esto empantana, dificulta y encarece las relaciones comerciales a nivel global. Según DW, Estados Unidos habría alcanzado 10.000 objetivos. La opacidad estatal iraní dificulta obtener la cifra de objetivos que se han golpeado. Irán, por su parte, logró lanzar un misil a 4.000 kilómetros de distancia, el doble de lo que se le presuponía a los misiles iraníes. Un proyectil iraní golpeó en la base anglo-estadounidense Diego García, en el Océano Índico, según la agencia AFP. Su capacidad balística y militar ha sobrevivido a los ataques de Israel y Estados Unidos, habiendo lanzado casi 5.000 misiles y drones contra los Estados del Golfo.

Aunque los ataques se han reducido entre un 80 y 90% desde los primeros días, siguen teniendo como objetivo infraestructura crítica para todos los actores, incluyendo las monarquías del Golfo. Los ataques se han dirigido contra infraestructuras de petróleo y gas, aeropuertos, bases estadounidenses y, en muchos casos, barrios residenciales, zonas diplomáticas y lugares turísticos. La última de estas escaladas de tensión la ha protagonizado la Casa Blanca, desplazando a miles de soldados a la zona. A su vez, desde Washington se afirma que la guerra "es cuestión de semanas". El relato gubernamental parece indicar un futuro más pronto que tardío, a la vez que las oleadas de ataques se siguen dando entre todos los actores principales. Las declaraciones del Despacho Oval parecen estar calmando los mercados, una de las grandes preocupaciones para Trump, pero la posibilidad de un despliegue terrestre de tropas es más que real. Sin este, sería muy complicado desbloquear el paso de Ormuz, como exigen los aliados estadounidenses. A su vez, un posible despliegue traería consigo un coste humano y militar muy grande para Estados Unidos, por las posibles víctimas que pueda ocasionar. Trump ya ha recibido la negativa de ayuda por parte de Europa, por lo que solo contaría con la ayuda israelí en esta acometida.

En estas dos últimas semanas de conflicto, nuevos actores se han sumado a un cuadro cada vez más complejo e inseguro. Las milicias de Hezbollah y los hutíes de Yemen se han involucrado en la refriega. Ambos grupos paramilitares, vinculados a Irán, llevan un año muy debilitados tras sus enfrentamientos respectivos. Según el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, con sede en Tel Aviv, Hezbollah, "debilitado militarmente, y políticamente aislado", podría estar persiguiendo dos objetivos en esta guerra: el primero, posicionarse de forma más sólida junto al régimen iraní, abriendo otro frente para Israel, y aliviar la presión sobre Teherán; el segundo, mejorar la posición de su organización, revirtiendo dinámicas que lo llevaron a un segundo plano en Oriente Medio.

Como contención frente a Hezbollah, asentada en Líbano, Netanyahu ha desplazado su ejército al sur de este país, con la intención de crear un colchón de seguridad y, quién sabe, ocupar la zona de forma prolongada, como sucede en Cisjordania. La entrada de los rebeldes hutíes tiene otro tipo de implicaciones, poniendo en peligro el tránsito de buques comerciales. Su posición estratégica les ayudaría a bloquear el Estrecho de Bab al Mandeb, el principal acceso al canal de Suez, y una arteria comercial clave para Asia y el Golfo.

Las primeras negociaciones no se han producido hasta bien entrada la guerra. Esta última semana, en unas declaraciones a varios medios, Donald Trump anunciaba los primeros contactos con el régimen iraní, para buscar una posible salida al conflicto. Teherán, por su parte, se ha apresurado a negar estas conversaciones entre ambos gobiernos en un primer momento. El efecto inmediato ha sido un alza, por enésima vez, en el precio del petróleo, que ha vuelto a subir hasta los 100 dólares. Con países como Pakistán o Turquía haciendo de intermediarios, las conversaciones parecen estar avanzando. Trump afirmó en un comunicado que el régimen iraní le había pedido un alto al fuego, información que niegan en Teherán. A día de hoy, las negociaciones se están empezando a producir de forma periódica. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha admitido el intercambio de mensajes con Estados Unidos, con intermediarios, aunque niega cualquier intento de acuerdo. El único amago a un cese de las hostilidades ha sido el plan de paz de 15 puntos elaborado por la Casa Blanca, que parece haber caído en saco roto, tras la negativa desde Irán.

En su origen, la operación 'Furia Épica' buscaba, según varios analistas, desestabilizar el régimen iraní y provocar un cambio interno y de régimen, a la vez que frenar el programa nuclear. Esto supondría el fin al "eje de resistencia" que encabezaba el régimen teocrático en Oriente Medio. En la realidad, el primero de los propósitos no se ha cumplido. El segundo, sí. Pese a que la mayoría de dirigentes iraníes han sido asesinados, el régimen sobrevive, con capacidad militar para contrarrestar los ataques. Esto evidencia la arquitectura política y estatal iraní. Aun sufriendo una grave crisis interna y externa, y con fuertes protestas por parte de la población, incluso en guerra, como informó Amnistía Internacional, Irán no pierde toda su capacidad militar y política. Ha sobrevivido gracias al uso de la técnica de la guerra mosaico, otorgando autonomía operativa a cabecillas intermedios del régimen. Este mecanismo está pensado para no detener el funcionamiento interno, así como los ataques, en caso de asesinatos en la cúpula política y militar —como ha sucedido—.

La guerra ha tenido una enorme repercusión a nivel mediático y social, poniendo sobre la mesa el debate geopolítico y moral para actores externos, como la Unión Europea. Los Veintisiete, en palabras de Von der Leyen, han defendido que "esta no es la guerra de Europa", y desde Bruselas ya se están tomando medidas para paliar el "cierre" del Estrecho de Ormuz. Al momento de escribir estas líneas, Trump afirmó estar planteándose seriamente abandonar la OTAN. Esta decisión, de gran calado, necesitaría del apoyo de dos tercios del Senado, lo que parece improbable a día de hoy. La guerra está haciendo mella en el presidente estadounidense, con fuertes disidencias entre republicanos y el movimiento MAGA. El coste social es evidente para Donald Trump, un presidente cada vez más impopular entre sus votantes, en un momento inoportuno, con las elecciones de 'mid-term' en el horizonte.

La contienda no solo está deteriorando la convivencia y el orden mundial, las secuelas también son económicas y humanitarias. El enfrentamiento ya se ha cobrado, según Newtral, 1.400 vidas, la gran mayoría en ataques aéreos. Los mercados, por su parte, están sufriendo graves costes económicos de la intervención en Irán. Para este último actor, el conflicto cobra carácter existencial. Teherán se juega la continuidad del régimen que se erigió tras la Revolución de 1979. Una derrota supondría un antes y un después en la historia no solo de Irán, también de Oriente Medio. En cambio, para Israel y Estados Unidos, lo que está en juego es su credibilidad como grandes actores en el orden mundial, en su intento de moldear y apaciguar Oriente.

Y mientras se calman las aguas, el resto del mundo contiene la respiración, y sigue padeciendo las repercusiones económicas, con un barril de petróleo afincado por encima de los 100 dólares, un 40% más desde el inicio de las hostilidades. Desde el plano humanitario, es cada vez más grande el segmento de la población afectada, según la ONU, y los grandes flujos migratorios podrían tener consecuencias nefastas para varios territorios, además de un alto coste de vidas humanas. El daño a objetivos civiles pone en peligro la vida de millones de personas, y un conflicto prolongado podría derivar en una profunda crisis de infraestructura como la vivida en la franja de Gaza.

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