El hombre que solo escribía en los aviones, Pedro Almodóvar se pasa a la novela

05.11.2026

Mario Corredera Domínguez

(El siguiente artículo puede contener spoilers de 'El hombre que solo escribía en los aviones'. No creo que su lectura cambie de un modo drástico la experiencia del propio libro, pero incluyo este aviso en caso de que alguien quiera acudir ciegamente a la novela.)

El pasado 29 de octubre el cineasta español Pedro Almodóvar publicaba de la mano de Reservoir Books su nueva (y primera) novela: El hombre que solo escribía en los aviones. El sello de Penguin ya alberga en su catálogo varias piezas del director, desde su colección de relatos El último sueño hasta sus últimos guiones publicados en papel. Gracias a su extensión de 250 páginas y a la urgencia que su narración transmite, de la que el propio Almodóvar habla en el prólogo, ya he leído el libro. A continuación, algunas reflexiones sobre su contenido.

La novela habla sobre Flavio Guijarro, un actor, performer, escritor, coach, fotógrafo, psicólogo y diseñador, entre otros, que es más bien mediocre en todos estos trabajos. Sin embargo, el juego con la ficción y la realidad hace despertar en Flavio su llama artística, la cual descubre que llega a su máximo apogeo cuando viaja en avión. Además de la peculiar localización de su inspiración, el autor únicamente escribe sobre previas ficciones (o realidades), ya que son la única fuente de la cual es capaz de desarrollar líneas narrativas. De este modo, el libro es un compendio de la historia personal de Flavio y su carrera profesional intercalada por varias de las historias que desarrolla durante su vida.

De las muchas obras que Almodóvar cita y toma como referencia para esta novela, la que para mí posee la huella más identificable es, irónicamente, su última película Amarga Navidad. Recordemos que esta trataba acerca de un director en plena crisis creativa que era capaz de retomar la escritura gracias a la fagocitación de la vida personal de su asistente. Esta dimensión se puede encontrar en la novela, específicamente en el texto La adicción, que se trata, ni más ni menos, de la versión extendida del monólogo que interpretaba Asier Etxeandia en Dolor y gloria. Flavio Guijarro, al igual que Salvador Mallo (protagonista de Dolor y gloria) y Pedro Almodóvar, encuentra una gran inspiración en las historias de corazones rotos y la melancolía que siempre las acompaña. 

El director manchego confiesa en el libro que ese monólogo lleva escrito desde hace años, por lo que podemos intuir que, al estilo de sus personajes, este haya sido basado en una relación real del cineasta. Aunque Almodóvar reconoce que necesita que sus personajes hayan atravesado un "calvario amoroso" para poder escribirles, también clarifica que con uno es más que suficiente. Así como pensaba al final de la cinta el personaje de Raúl (Amarga Navidad), para Flavio el deseo hacia una pareja no acaba siendo tan estimulante como la pulsión que le invade a la hora de escribir ficción.

Por lo demás, el protagonista tiende a aborrecer las historias particulares, tanto las de su alrededor como las propias. Flavio halla el hilo del que tirar en novelas y películas existentes. La verdadera inspiración le nace de consumir trabajos de otros autores y pensar cómo podrían encajar entre sí. Este recurso me recuerda a la novela Amarilla, de R.F. Kuang. En el libro de esta autora no se usan como tal fragmentos o personajes de otros libros, mas se encuentra la misma idea de únicamente ser capaz de crear cuando se entra en contacto con ficciones previas. Sin desvelar qué selección usa el personaje, puedo decir que la incorporación de tramas externas para su modificación y adecuación al marco de la novela me resulta, por lo general, inteligente. Hay referencias que funcionan más que otras, evidentemente. Ciertos extractos parecen tener una finalidad meramente pretenciosa más que ser un elemento relevante para la trama. Aun así, considero que la simple presencia de estos se justifica al observar el toque almodovariano que les otorga, rasgo que para mí siempre será bienvenido aunque no sea del agrado de todo lector.

Respecto a la trama ambientada en la realidad, Flavio sirve de guía en un mundo contemporáneo cuyo tono podría ubicarse en las más clásicas tramas de Pedro Almodóvar. El entresijo de personajes de distintos orígenes en un contexto con su correspondiente dosis de drogas, sexo y comentario meta artístico es la seña de identidad del director, que no puede evitar introducirla aquí.

Otro, y más relevante, fundamental en Almodóvar es el deseo. En una breve entrevista que dio para la revista Elle por la publicación de la novela, el cineasta explica, tal y como lo hace en su prólogo, que el libro fue escrito con una premura particular debido, tanto al funcionamiento de la trama, como al momento en el que se dio su escritura (rodaje de Amarga Navidad). Asimismo menciona que siente como si la urgencia que tenía al redactarlo se hubiera traspasado al ritmo del propio texto. Suscribo y confirmo estas palabras. La urgencia que mencionaba en el primer párrafo no es la que atribuiríamos a un thriller. La prisa que la novela exige al lector se relaciona con el estado anímico de su protagonista. El lector no puede dejar de leer ya que necesita seguir consumiendo lo que Flavio está ideando a un ritmo igual de veloz que el que atraviesa al personaje sentado en una butaca de avión. Y es en este punto donde entra el deseo. De un modo similar al que el protagonista de Amarga Navidad experimentaba, Flavio Guijarro descubre que la pasión carnal es pasajera y, normalmente, no aguanta la prueba del paso del tiempo y, por ende, la de la monotonía. 

Así, Pedro Almodóvar finaliza la novela (como explica en el mismo extracto de Elle) defendiendo el deseo que le provoca la escritura. Se podría concluir diciendo que El hombre que solo escribía en los aviones es un libro de autodescubrimiento en el cual su protagonista, tras tontear con varias disciplinas, averigua que la actividad más estimulante para él no es otra que escribir. Por lo tanto, más allá de hacer un alegato a favor de este arte, siento que el director manchego anima a sus lectores a identificar y dejarse llevar por aquella parte de su vida que les provoque tal pulsión física como a sus personajes el deseo.

En resumen, disfrutarás la nueva novela de Pedro Almodóvar si ya has disfrutado previamente de su trabajo como director. En el caso de que ya has reafirmado tu rechazo hacia su forma de narrar, es complicado que encuentres en este libro algo de placer ya que, como la mayoría de cosas que ha hecho, atiende plena y únicamente a su estilo personal. Si, por otro lado, rara vez has estado en contacto con el universo del artista pero disfrutas de la lectura, el texto puede ser una manera efectiva de conocer al autor. Aun así, sí recomendaría ver alguna de sus películas antes, o inmediatamente después, de su lectura. Concretamente, Hable con ella, La mala educación, Dolor y gloria y Amarga Navidad.

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