El desahucio de Maricarmen: la institucionalización de la violencia capitalista

25.09.2026

Rodrigo Rodríguez Jiménez

Maricarmen junto a las activistas del Sindicato de Inquilinas. Fuente: MARCA.

El pasado 23 de septiembre supuso el punto de inflexión mediático en una conflictiva que lleva azotando a la clase trabajadora durante décadas ya. Ahora queda en manos de la sociedad española qué conclusiones sacar del desahucio de Maricarmen de la casa en la que vivió por 70 años. De nosotros depende que este día sea recordado como la derrota de la clase obrera frente al capital, ya sea extranjero o nacional, o la toma de conciencia que nos organice para derrotar a la hegemonía de la propiedad privada sobre el bienestar social.

Lo ocurrido ayer en Calle Alcalde Sainz de Baranda, 46 no fue una anomalía democrática, sino la resolución orgánica de años de abandono político y abusos en el sector inmobiliario. Ahora que una persona anciana de 87 años es expulsada a golpe de gases lacrimógenos y palizas policiales es cuando nos llevamos las manos a la cabeza. Pero, no os equivoquéis, este desahucio, igual que las decenas de ellos que ocurren diariamente, son un ejercicio avalado por los tribunales, dentro de la legalidad vigente de nuestra democracia.

La pregunta es, ¿cómo hemos llegado aquí? ¿Cómo hemos permitido semejante degradación moral de nuestro Estado de Derecho, en el cual prima el interés egoísta del que acumula y especula con los hogares de la gente trabajadora frente a la integridad y derecho a una vivienda digna de la propia población del país?

Pues tenemos varias respuestas, cada una más desoladora que la anterior. Hay quien señala a las derechas, y razón no le falta, pues han votado religiosamente en contra de cada una de las propuestas legislativas en favor de la intervención en vivienda que se han llevado a cabo esta legislatura. Además, nadie en Europa ha puesto la alfombra roja y facilitado la entrada de fondos buitres extranjeros más que la propia administración de Ayuso. "Se encuentran (refiriéndose a Madrid) en el mejor lugar para pensar en sus inversiones", aclamaba en el Real Estate Forum del otoño del 2025, el evento organizado por el fondo buitre Blackrock, uno de los acumuladores de vivienda más poderosos del planeta.

No obstante, el paradigma actual donde los especuladores tienen rienda suelta para parasitar de la clase obrera no habría sido posible sin la complicidad e incapacidad del gobierno del Partido "socialista obrero" (muy encomillado) español. ¿Dónde está el decreto, que prorrogaría los alquileres, que prometieron? ¿Por qué no se ha actualizado el parque de vivienda pública en 8 años (guiño también a los gobiernos autonómicos del Partido popular)? ¿Por qué se abstuvieron en la votación de la ley para prohibir la compra en masa de bloques de vivienda por fondos buitres?

No le cabe ya la rabia a la gente dentro de sí, escuchando como graznan que son "el gobierno más progresista de la historia" o "la legislatura de la vivienda". Y como si fuera poco, todavía le queda desfachatez al presidente Pedro Sánchez para subirse a la tribuna de la ONU (la cual declaró la ilegalidad de expulsar a personas vulnerables de su hogar sin alternativa habitacional) y condenar verbalmente el desahucio, no vaya ser que actuar ponga en riesgo la explotación de todos los pisitos que tienen los diputados a sus alrededores.

Cansancio, desesperación y profunda tristeza es lo que siente la población consciente de la situación, pues sabe perfectamente que esta no ha sido ni la primera ni la última vez que personas vulnerables perderán todo lo que les quedaba en la vida solo porque un puñado de millonarios querían cobrar un 300% más de alquiler a una pensión que no alcanza ni a la mitad. Esto no es vivir con dignidad, ni libertad, ese eslogan que tanto le gusta a Ayuso. Ya hemos comprobado que la libertad para vaciar bloques enteros de vecinos para convertirlos en Airbnbs está bien protegida, pero ¿y la libertad en tener acceso a una vivienda digna?, eso tal vez sea pedir demasiado.

Qué devastador resulta intentar llevar a cabo un proyecto de vida en esta dicotómica distopía donde se contrapone la hostil imagen del abuso por parte de las instituciones del estado (tanto policía como jueces), agrediendo a los activistas cuyo único pecado fue tratar de detener el desahucio de Maricarmen, con la tranquilidad de la feria inmobiliaria "The district" que tenía lugar al mismo tiempo en el IFEMA, donde los perpetradores planean su próximo desahucio a cambio de suculentas rentas.

Ya conocemos muy bien las dinámicas del frío capital. No existe la bondad. Su interés no tiene nacionalidad, ni orgullo patriótico, le da igual si eres caucásica que maghrebi, lo único que le interesa es parasitar la productividad económica del inquilino. Por tanto, solo nos queda legislar en su detrimento para salvaguardar la integridad del pueblo soberano.

Debemos exigir responsabilidad política, que se les caiga la cara de vergüenza. Es inadmisible que la legalidad de un Estado de Derecho permita traicionar de esta forma al interés general. Un Congreso rendido a los pies del dinero, un Gobierno "de izquierdas" cobarde, tibio e inepto para defender a su población, y una Justicia y Policía cuya función se basa en la represión de la organización ciudadana. El pueblo ha sido abandonado a su suerte, rumbo hacia un anarcocapitalismo donde el mermado Estado solo sirve para mantener las puertas abiertas a la inversión y especulación inmobiliaria. ¿De qué sirve una sociedad donde se permite que unos pocos se lucren de las rentas que generan trabajadores productivos sin aportar nada positivo a la sociedad?

No nos asustemos cuando el electorado joven mire a los movimientos fascistas con deseo, pues el deterioro democrático está borrando la pieza angular de su legitimidad, servir por y para el pueblo soberano. España y, sobre todo la izquierda, hoy tienen un reto. La organización obrera es clave para ejercer presión contra las instituciones que hoy se doblegan ante el egoísta ímpetu de aquellos que abusan del mercado inmobiliario.

Juntos podemos devolver la ilusión a la gente joven de buscar un futuro próspero y, hoy más que nunca, debemos devolver la tranquilidad a aquellas personas y familias vulnerables que hoy pierden no solo sus hogares, si no también su pasado y, en cierto modo, su futuro. A vosotros los pocos divulgadores y políticos decentes e íntegros, así como las asociaciones como el Sindicato de Inquilinas y, muy fundamentalmente a ti, Maricarmen, que antes de ayer perdiste tu hogar, gracias por encender la mecha de esta ola revolucionaria. A partir de aquí, prometemos mantener la llama viva en vuestro nombre.


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