Asier González, batería de Linaje: “Cuando ves que 1.800 personas llevan tu camiseta, es porque algo estás haciendo bien”
Claudia Moro
Con tan solo 21 años, ASIER GONZÁLEZ ha pasado de tocar la batería en las fiestas de Berriozar a recorrer España con Linaje, una de las bandas jóvenes que reivindican el espíritu del rock. Desde la publicación de su primer disco, Desataron a los perros, en febrero de 2025, el grupo ha superado las cuatro millones de reproducciones en Spotify y ha encadenado dos temporadas de conciertos, con tres llenos en la capital. El viernes 9 de octubre, la banda puso fin a su gira en Pamplona, su tierra, con la mirada puesta en un segundo álbum. Mientras tanto, Asier compagina los escenarios con sus estudios de Magisterio y su afición al fútbol, sin perder la ilusión de quien todavía está descubriendo hasta dónde puede llevarle la música.

El pasado 17 de octubre, una tarde fría de otoño envolvía las calles de Berriozar. En este municipio navarro, a pocos kilómetros de Pamplona, nació Linaje y comenzó a tomar forma una historia que, poco a poco, acabaría llevando a sus integrantes a recorrer escenarios de toda España. Apenas había transcurrido una semana desde que la banda se despidió de los escenarios con el último concierto de su gira, celebrado en Pamplona. El ambiente parecía invitar a echar la vista atrás y hacer balance de todo lo ocurrido durante los últimos meses.
Lejos de los focos, los amplificadores y el ruido de los conciertos, la conversación transcurrió en un ambiente mucho más cotidiano. Allí, en el lugar donde todo comenzó, resultó más sencillo regresar a aquellos primeros ensayos, a las letras que Aarón Romero llevaba a casa de Asier y se convertían en grandes canciones.
Hablar con él es acercarse a la historia de Linaje desde la perspectiva de alguien que ha vivido el crecimiento del grupo desde dentro, pero que todavía conserva la mirada de quien está descubriendo hasta dónde puede llegar aquello que un día comenzó casi sin darse cuenta. A lo largo de la conversación, Asier recuerda sus primeros contactos con la música, explica cómo se organiza para compaginar los estudios con una carrera musical cada vez más exigente y reflexiona sobre lo que supone recorrer España con una banda a una edad en la que muchos jóvenes todavía están decidiendo qué quieren hacer con su futuro.
Empezaron tocando en agosto de 2023 en las fiestas de su pueblo, Berriozar, y ahora acaban de cerrar una gira por toda España con más de cien conciertos. Echando la vista atrás, ¿es consciente de todo lo que ha vivido en tan poco tiempo?
Realmente no soy consciente. Tú vas y tocas, pero es que hay muchas cosas detrás de lo que es un concierto. Los viajes, las comidas, las cenas, el hotel… se crean muchas anécdotas y nos lo pasamos muy bien.
Después de tantos conciertos, ¿todavía se pone nervioso antes de salir al escenario?
No. Lo pasé bastante mal al principio porque, antes incluso de estar en el grupo, pasé por una época de ansiedad. No era pánico escénico, porque nunca he tenido. Con seis años ya salía a tocar la batería y no me daba miedo. Era ansiedad, pero no eran realmente nervios.
Han tocado en salas como La Riviera, han sido banda invitada en el concierto de Alicante de Loquillo y han pasado por La Revuelta. ¿Qué le impone más, una sala llena o salir en televisión delante de tanta gente?
No tiene color. Yo antes de salir a La Revuelta estaba cagao. Me volvió la ansiedad al pensar: "me van a ver millones de personas, no la puedo cagar ni decir algo mal". Antes de salir estábamos en una sala con el micrófono colocado y nos creíamos especiales, ¿sabes? Estaba lleno de nervios, pero, en cuanto crucé la puerta para entrar al escenario y vi a la gente, las cámaras, las luces y a Broncano, entré como en una nube.
¿Tiene algún ritual antes de salir al escenario?
No tengo ninguna superstición. Tengo un collar, que justo se me ha roto hoy, y un tatuaje que son cuatro ases que representan a mis cuatro abuelos. Antes de salir, siempre le doy cuatro besos al tatuaje y uno al collar. No es algo que haga solamente antes de salir al escenario, también antes de salir a jugar un partido de fútbol o de hacer algo importante.
Tiene 21 años y está viviendo algo que mucha gente sueña con hacer durante toda su vida. ¿Cómo se compagina todo esto con los estudios, los amigos y tener una vida más o menos normal?
Me he perdido muchos planes. Al principio, cuando te vas a los tres o cuatro primeros conciertos dices "¡Bua, que guay!". Pero después de cien conciertos es un poco paliza. Tenía un poco de ganas de que se terminase ya la gira.
¿Cómo lleva su familia que esté tanto tiempo fuera de casa y que su vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo?
Bien. Mi padre ha querido ser batería desde pequeño, se viene a todos lados, es un frikifan. Él sí que tenía pánico escénico. Cuando yo tocaba de pequeño, decía "bua, este cabrón…"
Siendo de Berriozar, ha crecido en un lugar con una cultura rockera enorme. Imagino que grupos como Marea y Extremoduro han estado bastante presentes en su entorno.
No he escuchado mucho rock de pequeño. Ahora que hago rock sí que me gusta escuchar a otros grupos, pero no se me ha inculcado el rock como tal.
La batería es un instrumento con mucho carácter y personalidad. ¿Cree que eso también se refleja en su forma de ser?
Sí y no. Soy el menos rockero del grupo, solo tienes que ver La Revuelta; todos vestidos de negro y yo de rosa, pero soy una persona que disfruta demasiado tocando. Si me ves en los conciertos, no paro de reír y de sonreír.
Hablando de baterías, Alén Ayerdi es una figura muy importante en el rock: toca en Marea y ha estado vinculado profesionalmente a Extremoduro y a Robe. Además, está detrás de El Dromedario Records, vuestro sello. ¿Qué significa tener tan cerca a alguien con esa trayectoria?
La verdad que Alén me tiene como si fuese su hijo, está loco conmigo. En todos los conciertos, cuando terminan, me da las gracias emocionado. Realmente no bajo a la tierra y no soy consciente de que una persona tan importante me está diciendo lo bueno que soy. Por ejemplo, cuando grabamos el disco con El Colibrí, este le dijo al grupo que creía que yo era uno de los mejores baterías con los que había grabado. Este tipo de cosas te chocan, pero no te paras a analizarlas como realmente tendrías que hacerlo.
Aarón Romero, el vocalista del grupo, es hijo de Kutxi Romero, la voz de Marea. Es inevitable que les asemejen con ellos, ¿cómo lleva esas comparaciones?
Al principio cuando no teníamos disco y tocábamos, la gente siempre decía que éramos una copia de Marea. A mí nunca me ha importado. Estamos aquí gracias a ellos también, pero luego cuando ves que has hecho una gira y terminas en La Riviera con 2.000 personas, de las cuales 1.800 llevan tu camiseta de Linaje, es porque algo estás haciendo bien. Al principio puede pesar un poco, sobre todo a Aarón, que se ha comido muchas críticas… pero bueno, al final hay que seguir con lo tuyo.
¿Cree que esa relación les ha abierto algunas puertas o también genera ciertas expectativas sobre el grupo?
Hemos pasado de llenar salas de 200 a 2.000, pero no hemos tenido que tocar en bares de 50 personas, que es donde empiezan realmente grupos como Marea.
Tuvieron la oportunidad de hablar de Robe en La Revuelta, y han contado que llegó a escucharles. ¿Qué se siente al saber que alguien tan importante en la historia del rock español ha escuchado lo que hace?
Es lo que te digo, no nos paramos a pensarlo. Tanto Robe como Fito, con el que estuvimos hablando también. Aarón, por ejemplo, el otro día cantó con Dani Fernández, con Dani Martín también en Madrid. La verdad que es increíble. Yo les digo a mis amigos, "¡bua!, igual en el segundo disco podemos tirar un tema con Fito o con Dani Martín", pero no te paras a pensarlo realmente.
¿Cree que el rock está viviendo una nueva etapa entre los jóvenes, o que nunca ha dejado de estar ahí? ¿Se ha perdido parte de la cultura rockera con las nuevas generaciones?
Claro que se ha perdido, pero yo estoy contento porque nuestro público va desde chavales que vienen con quince años hasta gente de setenta. Esto a nosotros nos enorgullece; gente que ha escuchado a Marea, a Fito y Fitipaldis... ahora vienen a escucharnos a nosotros.
Alén dice que "el reguetón es una moda". ¿Piensa lo mismo o es oyente?
Soy oyente. Escucho muchos tipos de música, pero si tengo que salir de fiesta con algo es con reguetón, está claro. En casa mayoritariamente no escucho solo rock.
Tres discos favoritos
Cualquiera de Melendi, porque soy muy fan; el último de Fito y Fitipaldis El monte de los aullidos, y Donde quiero estar, de Quevedo.
Como ha dicho antes, empezó a escuchar rock hace relativamente poco, ¿ha descubierto a algún artista que se haya convertido en un esencial?
Por ejemplo, Ultraligera. Tocamos el otro día con ellos y los escucho muchísimo.
Han publicado Desataron a los perros y llevan dos temporadas de conciertos defendiendo las mismas canciones. ¿Cuál disfruta más tocando en directo?
La Serenata es muy guay para tocar en directo. Querida Libertad es bonita y La Chatarra porque me parece que tiene una melodía increíble, entre esas tres…
¿Y la que menos le gusta?
A remojo o A la luna le sobran canciones que acaben en llanto, yo ya no puedo escucharlas, estoy saturado.
Ahora que han cerrado esta etapa de la gira, ¿tiene ganas de meterse ya con canciones nuevas?
Sí, sí que tengo ganas. Es lo bonito de un grupo al final, ¿no? Tocar todos los fines de semana es, al final, como si trabajaras en una fábrica. Tú tienes que tocar este repertorio, que es tu disco. Está guay, pero durante una gira no se puede componer un disco, no da tiempo. Ahora que paramos, sí que tengo ganas.
¿Cómo es el proceso de composición dentro de Linaje? ¿Qué aporta cada uno?
El primer disco ha sido diferente porque casi todas las canciones eran de Aarón. Él venía con cosas y nosotros las pasábamos de acústico a eléctrico. Con este nuevo disco, del que tenemos un par de canciones nada más, viene y dice "tengo este estribillo", o "tengo esta melodía". Casi siempre hay un boceto de letras que luego no acaban saliendo. Por ejemplo, con el primer disco teníamos unas letras que no fueron las que sacamos. Escribe Aarón. Si tengo que escribir yo, se acaba Linaje. Lo que hemos hecho muy bien en esta gira es conocernos entre nosotros. A la hora de tocar, sé lo que va a tocar Alain, que es con quien hago la base. Antes nos costaba mucho más, pero ahora nos ponemos de acuerdo con facilidad.
¿Cuándo podremos escuchar ese segundo disco?
Espero que el año que viene pueda salir. Tenemos la idea de empezar en festivales y, cuando terminen, empezar en salas y anunciar el disco. Tampoco vamos a descansar mucho. Queremos sacar un disco mejor. Es complicado porque, la verdad, el primer disco ha gustado mucho. Pero siempre hay que intentar sacar algo mejor.
¿Tiene la libertad en directo de improvisar?
Intentas tocar tal cual es la canción porque, al final, no puedes cambiarla si la gente te está pidiendo escucharla tal y como la conoce.
¿Sus amigos siguen mucho vuestros conciertos?
Sí. De eso no nos podemos quejar. Tocamos en Vitoria y vinieron; vienen a todos los que hacemos aquí en Pamplona, faltaría más. Les puede no gustar pero la mayoría, aparte de que dicen "voy a ver a mi amigo", se lo pasan bien.
Siendo amigos desde hace tiempo, ¿cree que el grupo les ha unido más o, por el contrario, les ha separado emocionalmente?
Yo creo que nos ha unido. No soy nadie para hablar de otros grupos, pero este año hemos tocado con cuarenta grupos diferentes y ves un poco de todo. Nosotros siempre vamos a partes iguales. Tener una relación desde hace tanto tiempo ha reforzado que nos veamos como iguales. La misma relevancia tiene Aarón que yo, que Cuiri y que todos.
Si dentro de diez años Linaje sigue recorriendo España y ya tiene 30 años, ¿cómo se imagina? ¿Se ve todavía viviendo de concierto en concierto o hay algún sueño personal que le gustaría cumplir más allá de la música?
Estudio Magisterio y me gustan mucho los niños, pero tocar la batería ha sido siempre un sueño. Siempre es bonito poder vivir de un sueño. Si al final por cualquier cosa no seguimos sí que me gustaría dedicarme a los niños. Siempre les digo a mis padres que mi vida perfecta es dedicarme a las giras y, cuando no las haya, dar clases de música a niños.
