¿Vamos a dejar que nos llamen tontos?
Laura Muñoz López

Estudiantes en el aula / Pexels
Hace unos días quise cotillear los modelos de la Selectividad de 2027. Aunque yo ya he superado ese terrible examen, me sigue llamando la atención saber si ha cambiado el modelo actual del que viví yo. Fui enormemente crítica contra el sistema de acceso a la universidad todos esos insufribles meses antes de la esperada semana y no quiero abandonar ese espíritu de queja porque ya no sea un problema que impacte directamente en mí.
El detalle que más me sorprendió fue un cambio que, aunque parezca un detalle insignificante, elimina, en mi opinión, un apartado de tremenda importancia:
Ha desaparecido el comentario de texto tal y como lo conocíamos en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura.
Todos los que nos hemos preparado este examen recordamos cómo iba la cosa: elegías uno de entre dos textos y, al darle la vuelta al examen, la primera pregunta decía así:
1.1. (2 puntos) Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes: a) enuncie el tema del texto (0,5 puntos); b) detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes (1,3 puntos); c) indique qué tipo de texto es (0,2 puntos).
Esto se ha visto reemplazado por:
1.1. (1 punto) Determine la estructura interna del texto escogido y relaciónela con su tipología textual.
Tal vez algunos penséis que es una exageración. Que el único cambio es que este apartado relacionado al texto es simplemente ahora un poco menos extenso y su puntuación vale menos en el examen.
Pero este ejercicio cumplía una función que me parece mucho más importante de lo que indican sus dos puntos: obligaba al alumno a enfrentarse a un texto que no había preparado de antemano. El comentario de texto es una de las pocas oportunidades donde el alumno debe redactar algo de cosecha propia, junto al texto argumentativo.
Entiendo que el examen debe dar cabida a todos los apartados que se estudian, como sintaxis, semántica o literatura. Pero estos ejercicios se llevan preparados desde casa: la gente memorizaba autores, fechas y obras, complementos directos y la definición de "antonimia".
Debería plantearse si está el sistema educativo dispuesto a devaluar cada vez más la ocasión donde un alumno puede demostrar que es realmente capaz de interpretar un texto. No quiero usar la palabra "leer" porque hay textos que no se "leen" como si fuera la lista de la compra. Hay que pensar un poco en ellos para poder entenderlos de verdad.
Si no, acabaremos formando a alumnos acostumbrados a que todo sea literal, rápido y al grano. Y ahí se pierde el juego del lenguaje, los dobles sentidos, las metáforas, las explicaciones donde no pareces comprender nada hasta que de repente piensas "¡Ahhh, claro!" Este ejercicio te hacía aprender a distinguir qué ideas eran más importantes, reconocer recursos, relacionar forma y contenido…
Como estudiante a quien este nuevo método no la ha alcanzado por los pelos, debo admitir que la situación me frustra. ¿Tan tontos se piensan que somos? ¿Totalmente incapaces de escribir un comentario de texto entero que nos lo tienen que segmentar para preguntar una pequeña parte? ¿De verdad creen que solo somos capaces de memorizar en qué año se escribió Luces de Bohemia o cuándo dos palabras son homógrafas? ¿Que no podemos analizar cómo se usa el lenguaje en un texto y con qué intención?
Resulta difícil no encontrar una contradicción entre que se lleven las manos a la cabeza con los resultados del informe PISA en comprensión lectora cuando se propone un modelo de examen que reduce precisamente el espacio dedicado a demostrarla.
Es muy fácil, para los estudiantes que no quieran prepararse el examen entero, descartarse esta parte. Porque ahora solo restaría un punto, y tal vez no les valga la pena el esfuerzo y el tiempo dedicado a este apartado por partir de un diez en vez del nueve. ¿Vamos entonces a premiar al alumno que memoriza mejor las características del Modernismo antes que a quien es capaz de entender el trasfondo de un texto?
No quiero decir con esto que el anterior modelo fuera el Edén de la lectura y que este nos vaya a llevar al analfabetismo. Estoy defendiendo que un examen de Lengua debería reservar un espacio significativo para demostrar que sabemos hacer algo más que reconocer categorías y reproducir contenidos: debería permitirnos pensar con un texto y escribir sobre él.
Yo ya no tengo que presentarme a la Selectividad. Precisamente por eso puedo quejarme sin estar pidiendo que cambien el examen para mí. Me quejo porque deseo un sistema educativo que no solo valore, sino que eduque a alumnos capaces de interpretar, argumentar y escribir.
