¿Por qué perdió el Barcelona el Clásico?
Andrés Gallego

El Barcelona ha perdido el primer partido en el Camp Nou desde que volvieron a jugar en él. Evidentemente, algún día tenía que ser el primero, pero estoy convencido de que si los culés hubieran tenido que elegir un rival con el que perderlo, en ningún caso hubiese sido este.
Muchos culés, cortos de memoria por lo que parece, subestimaban al conjunto blanco, y, lo que es más grave, sobreestimaban al blaugrana. Pese a que el arranque culé había sido hasta ahora impecable, al menos en Liga, no ganando sino arrasando cada partido que jugaba con vendavales goleadores, esto contrastaba con un arranque madridista con dudas y fantasmas reciclados de los dos años anteriores, que parecía que no terminaban de irse con derrotas como la del Metropolitano o la Cartuja y un áspero juego sintomático de los mismos problemas de siempre.
Este escenario, a priori idóneo para recibir en tu estadio al máximo rival, era vaticinado por muchos como una posible goleada más del Barcelona que hubiese servido para agrandar la brecha de puntos hasta los nueve, y dejar más que encarrilada una liga en la que la superioridad azulgrana era hasta ayer evidente. En la ciudad condal estaban pues, las botellas de champán preparadas para celebrar una prematura liga sentenciada
Sin embargo, el fútbol es un deporte de momentos, o como diría Jorge Valdano, de estados de ánimo. Cuatro días antes del ansiado clásico, el Barcelona tenía que hacer parada europea en París, parada en la que, al fin, los culés se medían a un rival de talla similar a la suya, y digo similar porque se vio en aquel partido, que la misma no era.
El conjunto de Luis Enrique, ganador de las últimas dos Champions, demostró por qué lo era y por qué es el principal candidato para volver a serlo. Demostró que, para ganar la Champions y competir contra los grandes ''cocos'' de Europa, necesitas ser igual de contundente atacando que defendiendo, y, sobre todo, tener una excelencia física que el conjunto parisino tiene facilidad en adquirir gracias a la paupérrima y poco exigente liga en la que juega los fines de semana.
El Barcelona volvió a demostrar que no sabe defender, y que es precisamente en estas grandes citas cuando más evidente se hace su falta de orden y contundencia en materas defensivas, ya que contra la gran mayoría de equipos españoles, no le hace falta tener tanta solidez para llevarse los partidos.
A pesar de ello y de poder haber caído goleado, el Barcelona hizo un partido correcto y en momentos dominador en París, que sobre el papel era más que suficiente para poder aplastar al apático Real Madrid cuatro días después.
Cinco, seis, siete…¿Cuántos goles caerán? Llevo toda la semana escuchando el debate de cuántos goles iba a encajar ayer el Madrid. Llevo unos quince años viendo fútbol, y esta década y media me ha servido para aprender, entre otras cosas, que nunca, jamás, debes fiarte del Real Madrid, y aún menos si el entrenador que lo dirige es José Mourinho.
El portugués, mostrando una vez más su inteligencia futbolística, neutralizó al Barcelona con una buena salida de balón, rocosidad defensiva, solidaridad (quizá la ausencia de Vinicius algo tuvo que ver) y sobre todo muchos cambios de banda aprovechando lo descubiertas que las dejaba el conjunto catalán cuando se lanzaba a presionar. Mourinho supo explotar al máximo las debilidades del Barcelona, y neutralizar también sus enormes virtudes, por lo que esta vez no le hizo falta criticar al arbitraje como acostumbra con la roja perdonada a Cancelo (no creo que hubiese mencionado todas las amarillas también perdonadas al Madrid).
Sin embargo, mentiría si dijese que el mérito es sólo de Mou. He de reconocer que el Barcelona estuvo muy lento, impreciso, muy desgastado y sin ideas. Un Barcelona muy a medio gas que, fruto de las exigencias físicas de partidos anteriores, escasas rotaciones, y aparente entrada en el ya típico bache que suele atravesar en octubre-noviembre, fue insuficiente (aunque no por mucho) para evitar que el conjunto madridista conquistara de nuevo El Clásico en Barcelona.
Cuando los Lamine Yamal, Cubarsí, Pedri, Raphinha… juegan todos los partidos, e incluso cuando los resultados son abultados son mantenidos en el campo, cuando llegan las grandes citas el oxígeno falta, y las piernas fallan, en especial las de los jugadores más determinantes.
No me olvido tampoco de la reseñable falta de madurez que muestra el conjunto azulgrana, y a pesar de atravesar ya el tercer año de la etapa de Hansi Flick, el técnico alemán no ha sabido interiorizar en los jugadores cómo gestionar resultados, mantener la calma y ser prudentes cuando hace falta.
Esta inmadurez costó rojas inapropiadas en años anteriores, goles en descuentos en partidos de Liga de Campeones y eliminaciones en ocasiones injustas y siempre dolorosas.
Esta semana sin ir más lejos es el perfecto ejemplo de que este problema aún no se resuelve, y dos partidos que el Barcelona iba empatando en el minuto 80 (PSG - 2-2 -Barcelona y Barcelona - 1-1 - Real Madrid) acabó perdiendo, mostrando una vez más su imprudencia y pocas tablas al gestionar partidos de alto nivel.
Queda mucha Liga en juego, liga que estará más igualada de lo que parecía, y este partido debe servirle a Flick para aprender que este equipo no es perfecto, le queda mucho por aprender, tendrá que gestionar mejor los minutos y momentos, e intentar corregir todo ello para que, al llegar a abril y mayo, poder dar el nivel necesario para ganar títulos, en especial la Champions, y que no se ha visto esta semana. Y sobre todo, que no se descuide, porque en frente tiene a un Real Madrid que poco a poco empieza a tener una identidad, una idea, y ''The Special One'' ha presentado su candidatura para acabar con la hegemonía de Flick tal y como hizo con Pep Guardiola.
