¿Podemos escapar de aquello que es natural?

25.10.2026

Violeta Armengod Asensio

Introducción a un problema global.

Análisis del patriarcado desde una perspectiva feminista occidental del siglo XXI, partiendo de la mirada de una mujer privilegiada de 19 años criada en occidente.


Estamos en pleno siglo XXI y asusta ver cómo día tras día vivimos en un mundo cada vez más dividido, más deshumanizado. ¿Acaso hemos olvidado lo que significa ser humano o es que nunca lo hemos definido bien? La Real Academia Española de la Lengua establece esto acerca de nuestra especie: "dicho de un ser: Que tiene naturaleza de hombre". No es que la RAE se haya olvidado de nosotras, las mujeres, eso ya es un lastre histórico (aunque ya sabemos que se emplea como genérico, no estamos de acuerdo). Pero dejemos eso para más adelante. Indaguemos un poco más en esta escasa definición y analicemos lo que significa natural según esta institución: "conjunto de todo lo que existe y que está determinado y armonizado en sus propias leyes".


Hasta aquí todo parece estar bien, lógico incluso. Pero, ¿quién ha impuesto las leyes de lo intrínsecamente natural en el ser humano? Ciertamente no es tan dificil de averiguar, pues detrás de todo lo establecido hay una única entidad: la del hombre, rico, blanco y heterosexual, responsable de la construcción del sistema patriarcal que ha asociado a esta pequeña parte de la población el privilegio de ser el "género masculino", inalcanzable. Esa pequeña élite del poder qué un día construyó el sistema patriarcal dejando atrás a más de la mitad de la población (porque sí, los hombres también son víctimas del patriarcado) es la que todavía hoy rige el desarrollo del comportamiento humano.


Después de tantos siglos de luchas por conseguir una igualdad real entre hombres y mujeres esta parece estar más lejos de lo que inconscientemente creemos. El patriarcado no desaparece, evoluciona, y con él la masculinidad, el verdadero motor de las desigualdades sociales en su conjunto. El pensamiento hegemónico occidental se funda en un sistema de oposiciones binarias que establecen el funcionamiento jerárquico del mundo: naturaleza/cultura, animal/humano, pasivo/activo, mujer/hombre donde estas parejas no suelen considerarse iguales. El problema que esto supone es que las bases de esta dualidad global tiene su origen en la asociación de las cualidades superiores a lo masculino.


Ahora bien, partiendo de un feminismo radical (la raíz de la desigualdad es el patriarcado) esta sería nuestra tesis por la cual estamos construidos los individuos occidentales:


  1. El cuerpo: lo "natural", qué somos. Es el espacio físico al que se le han asociado ciertas características o comportamientos sólo por el hecho de ser hombre/mujer (también construcciones fuera del ámbito puramente biológico) siendo esta la primera distinción dentro de nuestra especie y fundamento originario del resto de desigualdades sociales.

  2. El sistema: elaboración de las normas y cómo estas intervienen en lo que entendemos por identidad, es decir, cómo nos construimos. Dentro del sistema podemos distinguir dos grandes ramas, interrelacionadas entre ellas: la económica y la social. De ellas proceden la creación del estatus (posición monetaria) y de la identidad (construcción del ser dentro de un colectivo global y local), ambas condicionadas entre sí. A su vez, según la norma construida por el patriarcado, podríamos asignar aquí el nacimiento de lo que conocemos como poder. La jerarquización de la economía como arquitectura de la libertad implica la necesidad de dividir al ser humano, provocando así la construcción inicial de lo que se entiende de género femenino como lo inferior.

  3. Manifestaciones culturales: dónde se reproducen, manifiestan y se cuestionan esas normas. Aquí encontramos la difusión de lo que se nos ha presentado como natural, con disciplinas cómo la política o el arte, máxima expresión de lo que ocurre en la mentalidad de los seres humanos. Es la vía de escapatoria que nos permite expresar las profundidades de nuestro interior, dudar de lo establecido e incluso de nosotros mismos, ya sea mediante la palabra o lo abstracto. Por eso no podemos dejar que nos alejen de ellas, es el único mecanismo que nos abre a la comprensión de lo establecido, pero también a su duda: por qué las tendencias son cíclicas y por qué la existencia de la rebeldía es necesaria.

Sí bien es cierto que gracias a la lucha activa del feminismo las mujeres y los hombres actualmente son capaces escapar de la ignorancia para encontrar su propia voz y reconstruirse dentro de un sistema patriarcal, no podemos olvidar la persistencia del mismo. Nos encontramos en un momento histórico muy sensible, donde la dualidad global sigue atacando a la convivencia pacífica del ser humano, enfrentando individuos inocentes con un único fin: la permanencia de lo que entendemos como máxima figura de poder, es decir, el hombre, rico, blanco, heterosexual.


Con este artículo sólo pretendo desglosar e introducir lo que significa para mi haber nacido y desarrollado mi identidad en un sistema de supremacía masculina (que no de los hombres) e intentar encontrar el origen de lo que concebimos cómo normal al no entender por qué en pleno 2026 siguen existiendo las desigualdades entre los seres humanos. Si yo ahora puedo ser consciente del mundo en el que vivo y cuestionarme quién soy dentro de él, es gracias a todas aquellas luchadoras que han permitido que yo pueda optar a tener una voz, a ser alguien, simplemente ser mujer. El feminismo necesita seguir vivo, es horrible ver con nuestros propios ojos cómo seguimos siendo cosificadas, maltratadas, violadas y asesinadas. Porque sí, aunque no sea de forma implícita, el sistema en el que vivimos sigue siendo opresor y no podemos permitir que nos domine la negligencia actual del movimiento feminista, cuya existencia es más necesaria que nunca.


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